top of page

Redes de inteligencia artificial en América Latina: entre la cooperación regional y la búsqueda de autonomía digital

  • Foto del escritor: Alfredo Arn
    Alfredo Arn
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

América Latina ha pasado de ser un espacio periférico en el mapa global de la inteligencia artificial a tejer sus propias redes de conocimiento, innovación y gobernanza. En los últimos cinco años han surgido consorcios académicos, startups especializadas y ciudades que despliegan algoritmos para optimizar el tráfico, la agricultura o el acceso a la justicia. Este artículo resume ocho claves para entender cómo se articulan esas redes y por qué la región aún debate su autonomía digital.

La Red de Inteligencia Artificial Latinoamericana (RIAL), creada en 2019, agrupa a más de setenta grupos de investigación en catorce países. Su objetivo es compartir datasets, estándares éticos y capacidades de computación de alto rendimiento para reducir la brecha tecnológica. Los encuentros anuales han financiado cuarenta y dos proyectos conjuntos, muchos centrados en el procesamiento del español y portugués o en el monitoreo de ecosistemas amazónicos, lo que demuestra una agenda científica regionalmente contextualizada.

Paralelamente, el ecosistema privado crece a tasas superiores al 25 % anual. Startups como la colombiana Pragma, la chilena Brincus o la mexicana Aiflow aplican visión por computadora y redes neuronales al retail, la educación y la agricultura de precisión. En conjunto, estas empresas han captado más de 1,200 millones de dólares de capital de riesgo entre 2020 y 2023, lo que ubica a la región como el tercer destino emergente para fondos de IA después de India y el Sudeste Asiático.

Las ciudades se están convirtiendo en laboratorios de redes inteligentes. Santiago de Chile opera 1,106 cámaras con algoritmos propios que ajustan los semáforos en tiempo real, reduciendo los tiempos de viaje en un 15 % y las emisiones de CO₂ en un 20 %. Este tipo de despliegues exige infraestructura de edge computing y 5G; de ahí que los operadores hayan pasado de doce a setenta y ocho nodos de borde en solo tres años, anticipando la demanda de inferencia urbana en baja latencia.

No obstante, la dependencia tecnológica sigue siendo crítica. Utilizando la matriz de autonomía digital que va de 0 (dependencia total) a 4 (autonomía plena), la región se ubica en niveles 1-2; posee capacidades de adaptación y fine-tuning, pero importa chips, nubes y modelos pre-entrenados. Ningún país latinoamericano fabrica GPUs ni TPUs, y solo Brasil participa en el consejo de gobernanza de la arquitectura abierta RISC-V, lo que limita la soberanía sobre la pila hardware-software.

Frente a este escenario han surgido iniciativas de autonomía compartida. LatamGPT, liderado por el Centro Nacional de IA de Chile y cuarenta instituciones de doce países, entrena modelos de lenguaje de hasta 30 mil millones de parámetros sobre corpus regional y lenguas indígenas. El consorcio prevé una segunda fase en la que migrará el entrenamiento a un clúster regional de diez exaflops financiado por el banco multilateral CAF, reduciendo la exposición a proveedores externos.

Ese mismo banco firmó en diciembre de 2023 un memorando con Chile y República Dominicana para crear una red latinoamericana de supercomputadoras de alto rendimiento. El plan contempla nodos en ocho países, interconectados por la red académica Clara y por cables submarinos propios, que ofrecerían doscientos petaflops para ciencia e IA sin recurrir a hiperscalers extranjeros. La gobernanza del proyecto se discute bajo principios de código abierto, datos soberanos y equidistancia estratégica frente a Estados Unidos y China.

En síntesis, América Latina ha pasado de ser mera consumidora a nodos activos de innovación en IA. La articulación de redes académicas, empresariales y urbanas demuestra capacidad endógena, pero la autonomía digital plena requiere saltar del software al control de semiconductores y nubes. Si los memorandos se traducen en infraestructura física y gobernanza multinivel, la región podría alcanzar una soberanía tecnológica compartida que, lejos del aislamiento, apueste por una interdependencia más equitativa en la era de la inteligencia artificial.

 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page