AFP: el gran engaño peruano que envejece en silencio
- Alfredo Arn
- hace 8 horas
- 3 Min. de lectura

Desde 1993 se prometió que las AFP transformarían nuestra vejez en una época dorada; trabajaríamos menos años, cobraríamos más que en la ONP y, sobre todo, seríamos “dueños” de un fondo que crecería como espuma. Treinta años después la realidad es la opuesta; 8 de cada 10 jubilados reciben menos de un salario mínimo, el 38 % de los mayores no tiene pensión alguna y el supuesto “fondo ganador” apenas alcanza para diez años de vejez. La primera gran mentira fue, pues, la propaganda; un modelo que vendía seguridad entrega miseria.
La segunda mentira es la “libre elección”. El trabajador no puede optar por un sistema solidario ni retirarse; está obligado a entregar el 10 % de su vida a una de cuatro AFP que, en la práctica, fijan la misma comisión (1.47 % sobre el saldo). La competencia es un teatro; comparten estudios de mercado, se copian tarifas y se reparten el pastel como cómplices, no como rivales. El resultado es un trasvase silencioso de más de 30 mil millones de soles en comisiones cobradas desde 1993, dinero que nunca regresará al bolsillo del afiliado.
La tercera mentira es la rentabilidad. Se nos dijo que el fondo crecería al ritmo del PBI mundial, pero se ocultó que la comisión se come casi un tercio del capital final. Un exempleado que aportó 30 años y se jubiló en 2022 recibió 180 mil soles; apenas 1,200 soles mensuales si vive diez años más, menos de lo que ganaba en un mes. La inflación y el tipo de cambio se comen el resto. El “millón de dólares” prometido en los folletos nunca existió; fue un espejismo financiero.
La cuarta mentira es la seguridad. Las AFP invierten en bonos del Estado, acciones locales y papeles extranjeros, pero el riesgo lo cargas tú; si el mercado cae justo cuando te jubilas, tu pensión se licúa. En la ONP el riesgo es político; en las AFP es de mercado. Ambos sistemas, sin embargo, convergen en el mismo resultado; una vejez incierta. Y como el fondo es individual, no hay solidaridad intergeneracional que amortigüe la crisis.
La quinta mentira es la transparencia. Los afiliados desconocen que pueden cambiar de fondo cada seis meses, que existe el retiro programado o que el 95.5 % del capital puede retirarse en efectivo. Las aseguradoras, por supuesto, prefieren venderte una renta vitalicia que les deja el 100 % de tu fondo. La información está dispersa en portales, contratos ilegibles y campañas de terror: “si retiras tu fondo te quedarás sin nada”. El miedo se volvió negocio.
Frente al desastre, el Perú ha reaccionado con parche; retiros extraordinarios que destruyeron 20 mil millones de soles de ahorro, aumento de la pensión mínima a 600 soles que no alcanza ni para el canasta básica y la reciente ley de “modernización” que, en realidad, desvía 1 % del salario mínimo del trabajador al sistema sin contraprestación. Son aspirinas cuando el paciente necesita cirugía mayor. La desconfianza ya es tal que 7 millones de afiliados prefieren no aportar ni un sol adicional.
El futuro solo puede ser híbrido y voluntario. Propuestas concretas empiezan a circular: comisión por desempeño (cobrar solo si se supera la inflación + 3 %), fondo de longevidad que redistribuye utilidades entre los más pobres, apertura a activos productivos (infraestructura, private equity) y, sobre todo, libertad real; que el trabajador pueda migrar entre AFP, ONP o un esquema mixto sin penalidades. El Banco Mundial estima que estas reformas podrían aumentar la pensión final en 40 % sin aumentar aportes.
Mientras tanto, la estrategia individual es clara; revisa tu fondo, cambia al de menor comisión y riesgo acorde a tu edad, aporta voluntariamente solo después de tener emergencia y construye un “pilar privado” con fondos mutuos, bonos corporativos o inmuebles pequeños. La lección amarga es que, en Perú, nadie cuidará tu vejez mejor que tú. Las AFP pueden seguir mintiendo, pero el futuro ya no les pertenece; pertenece a quienes empiezan a desconfiar hoy y a ahorrar por su cuenta mañana.







Comentarios