EE.UU. reconfigura su poder financiero global con petróleo venezolano y dólar digital privado
- Alfredo Arn
- hace 2 días
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En enero de 2026, el gobierno de Donald Trump dio un golpe de timón geopolítico al asumir el control directo de los ingresos petroleros de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro. En lugar de crear una moneda digital estatal, Washington optó por una fórmula más sutil; convertir el crudo venezolano en garantía real para inversiones millonarias y, al mismo tiempo, potenciar stablecoins privadas respaldadas por dólares. El objetivo es mantener la hegemonía del dólar en el comercio internacional sin necesidad de emitir una CBDC (1) que dividiera al Congreso.
El Departamento de Energía anunció que entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano serán comercializados por cuenta del Tesoro de EE.UU., con los ingresos depositados en cuentas controladas por el fisco estadounidense. La retórica oficial habla de “beneficio compartido” entre los pueblos de ambos países, pero en la práctica se trata de un activo estratégico que servirá de colateral para proyectos de infraestructura y para atraer capitales privados bajo la promesa de retorno garantizado y protección militar.
Las grandes petroleras norteamericanas —Chevron, ExxonMobil y ConocoPhillips— ya preparan desembolsos superiores a los 100,000 millones de dólares. El esquema es simple; el petróleo se extrae, se vende en dólares y parte del flujo se canaliza a través de stablecoins (2) reguladas como USDC, permitiendo liquidaciones instantáneas en blockchain sin pasar por bancos corresponsales. Así, el crudo se convierte en “token” de confianza para inversores que temen la volatilidad de otras regiones.
La ventaja de este modelo es que EE.UU. no necesita crear una CBDC estatal, algo que el propio Trump vetó con el Anti-CBDC Act. En su lugar, el país se apropia del recurso ajeno, lo monetiza en su moneda y exporta la demanda de dólares al mundo digital. El resultado es un “petro-dólar 2.0” donde la garantía física está en Caracas, pero la clave de acceso —la stablecoin— se gestiona desde Nueva York o Boston.
El Congreso, dividido sobre una moneda digital oficial, sí mostró consenso al aprobar el GENIUS Act, que regula emisores privados de stablecoins. Con ese marco, cualquier empresa que cumpla los requisitos de reservas y auditoría puede emitir dólares digitales que circulan globalmente. Al anclar esos tokens a flujos petroleros controlados por el Tesoro, Washington asegura que la oferta digital esté respaldada por activos reales y políticamente fiables.
China y la Unión Europea observan el movimiento con preocupación. El yuan digital y el futuro euro digital buscan desplazar al dólar en comercio bilateral, pero ahora se encontrarán con contratos petroleros que se liquidan en USDC bajo jurisdicción estadounidense. La diferencia es que Beijing y Bruselas dependen de bancos centrales, mientras que EE.UU. ha privatizado parte del poder de emisión sin perder el control geopolítico.
El riesgo para Washington es evidente; al delegar la emisión en compañías privadas, abre la puerta a que stablecoins respaldadas por dólares se gestionen desde jurisdicciones menos aliadas. Sin embargo, el Tesoro ha adelantado que cualquier token que quiera beneficiarse de los flujos petroleros venezolanos deberá pasar por bancos custodios estadounidenses y someterse a auditorías del Servicio de Impuestos Internos. Es un cerco digital alrededor del crudo.
Para Venezuela, el esquema representa una dramática pérdida de soberanía. El país más rico en reservas petroleras del mundo verá cómo sus ingresos se administran desde Washington y se tokenizan en blockchains que no controla. La oposición venezolana en el exilio celebra la medida como vía para financiar la reconstrucción, pero analistas advierten que una vez que los flujos se digitalicen en stablecoins, será difícil recuperar la titularidad plena sin generar una corrida sobre los tokens.
El mercado de criptomonedas reaccionó con euforia; el precio de USDC se desvinculó brevemente del dólar físico en exchanges latinoamericanos por exceso de demanda. Fondos de inversión ya preparan fondos tokenizados que combinan bonos del Tesoro con futuros de petróleo venezolano, creando un híbrido entre commodity y divisa que solo puede negociarse en plataformas registradas en EE.UU. Es la materialización del “dólar energético” que teoricos monetarios llevan años anticipando.
Si el experimento funciona, el patrón podría replicarse en otros recursos estratégicos: gas natural, litio o incluso agua dulce. La receta es clara; tomar el control del activo, garantizar su venta en dólares, tokenizar el flujo mediante stablecoins reguladas y mantener la custodia política en Washington. Así, EE.UU. habría encontrado la manera de seguir siendo la central de pagos del mundo sin necesidad de imprimir billetes ni emitir una CBDC que aún divide al Capitolio.
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(1) CBDC (Central Bank Digital Currency) es la moneda digital emitida directamente por el banco central de un país, con valor legal y respaldo soberano equivalente al dinero en efectivo, pero en forma digital y operando generalmente en blockchain o tecnologías de registro distribuido.
(2) Stablecoins son criptomonedas diseñadas para mantener un valor estable, respaldadas por activos fiduciarios (como dólares, euros o yenes), commodities (oro, petróleo) o algoritmos, que permiten transferencias digitales rápidas y baratas sin la volatilidad típica de otras criptomonedas como Bitcoin o Ethereum.







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