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Las tres grandes de la telefonía en EE. UU. se unen por satélite para frenar a Starlink

Foto del escritor: Alfredo Arn
Alfredo Arn
hace 20 horas
3 min de lectura

En un movimiento sin precedentes, AT&T, T-Mobile y Verizon anunciaron el pasado 1 de octubre la formalización de una empresa conjunta (joint venture) destinada a llevar conectividad satelital a las zonas rurales y remotas de Estados Unidos. La alianza, adelantada en mayo de 2026, busca poner fin a las llamadas "zonas muertas" de cobertura móvil mediante la tecnología de conexión directa de dispositivo a satélite (Direct-to-Device o D2D). La nueva entidad será liderada de forma interina por Paul Roth, ejecutivo con amplia trayectoria en el sector, mientras se busca un director ejecutivo permanente.

La joint venture persigue dos metas fundamentales: eliminar las zonas sin cobertura en áreas rurales, remotas o con orografía compleja donde la infraestructura terrestre resulta poco rentable, y garantizar conectividad de emergencia cuando las redes terrestres queden inoperativas por desastres naturales como huracanes, incendios forestales o inundaciones. Para lograrlo, las tres operadoras combinarán sus recursos de espectro radioeléctrico, capacidad de inversión y conocimientos técnicos, sin construir una constelación satelital propia que compita directamente con SpaceX.

Uno de los aspectos más relevantes del acuerdo es que se diseñará como una plataforma tecnológicamente neutra que permita integrar diferentes alternativas espaciales, sin obligar a las tres compañías a apostar por un único proveedor. Esto significa que cada operadora conservará sus acuerdos actuales: T-Mobile mantiene su alianza con Starlink (SpaceX), mientras que AT&T y Verizon avanzan en paralelo con AST SpaceMobile. La plataforma conjunta simplificará la integración de nuevos servicios satelitales, establecerá especificaciones técnicas comunes y hará más eficiente el uso del espectro móvil con licencia nacional.

Aunque el comunicado oficial enfatiza los beneficios para los consumidores, analistas coinciden en que la alianza es también una estrategia defensiva frente al acelerado crecimiento de Starlink. El contexto regulatorio explica la urgencia del anuncio; apenas dos días antes de la formalización, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) aprobó la venta del espectro de EchoStar a SpaceX y AT&T por 40,000 millones de dólares, junto con el permiso para lanzar 15,000 satélites adicionales. Ante este escenario, las tres grandes operadoras decidieron unir fuerzas para controlar colectivamente la "puerta de entrada" entre los satélites y los dispositivos móviles.

La joint venture plantea un escenario complejo desde el punto de vista antimonopolio y del bolsillo de los consumidores. Por un lado, reduce la competencia entre las tres operadoras en las zonas rurales no atendidas, pero por otro fortalece la competencia en el sector satelital al crear un contrapeso colectivo frente al dominio de SpaceX. En cuanto a los precios, consultoras como New Street Research advierten que los usuarios rurales podrían enfrentar sobrecostos; para acceder al mismo nivel de cobertura que los urbanos, es probable que deban pagar una tarifa adicional por el servicio satelital D2D, lo que podría generar rechazo político y presionar a los fiscales generales de varios estados a intervenir para negociar costos más bajos.

Los expertos legales consideran que el Departamento de Justicia (DOJ) probablemente no impugnará la operación, ya que las operadoras argumentarán que, sin esta colaboración, las zonas rurales seguirían siendo "zonas muertas". No obstante, existe un factor de riesgo: si SpaceX decide utilizar su influencia política para presionar por una investigación rigurosa, el DOJ podría cambiar su postura. Además, la existencia de esta red privada podría reducir la necesidad de fondos gubernamentales como el 5G Fund for Rural America.

Aunque la joint venture fue concebida para el mercado estadounidense, su impacto podría trascender fronteras. Si la alianza perfecciona un modelo de negocio y estandarización técnica, este podría ser adoptado por los gigantes telecom de Latinoamérica, como América Móvil/Claro, Telefónica/Movistar o Millicom/Tigo. La carrera satelital en la región ya está en marcha; América Móvil analiza alianzas con Starlink, mientras que Entel en Chile se posicionó como pionero regional al lanzar conectividad satelital directa al celular. La validación de esta tecnología en EE. UU. presionaría a las operadoras latinoamericanas a implementar soluciones similares, aunque enfrentarán desafíos adicionales como la regulación independiente del espectro en cada país y las leyes de soberania de datos.

 
 
 

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