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La victoria de Lula y su impacto estratégico para el Perú

Foto del escritor: Alfredo Arn
Alfredo Arn
hace 5 minutos
5 min de lectura

La reciente victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil, imponiéndose a Flávio Bolsonaro con el 51,76% de los votos válidos, representa un punto de inflexión para la geopolítica sudamericana y, en particular, para el Perú. Lejos de ser un hecho aislado, este resultado consolida un proyecto de integración regional y autonomía estratégica que ofrece a nuestro país un socio predecible y con voluntad política para avanzar en una agenda bilateral de largo plazo. Al mismo tiempo, redefine el equilibrio de fuerzas en el hemisferio y obliga a Lima a repensar su posición frente a las grandes potencias, especialmente en un contexto donde la competencia entre Estados Unidos y China se intensifica sobre infraestructuras críticas como el megapuerto de Chancay.

En el plano geopolítico, el triunfo de Lula supone un revés directo para la administración de Donald Trump, que había apostado activamente por un giro hacia la derecha en la región y vio en la candidatura de Flávio Bolsonaro la pieza clave para consolidar su influencia. Estados Unidos utilizó instrumentos de presión económica —aranceles de hasta el 50% a productos brasileños y nuevas tarifas del 25% y 12,5% en julio de 2026— para intentar influir en el resultado electoral. Lejos de debilitar a Lula, estas medidas generaron una reacción nacionalista que él capitalizó, consolidando su discurso de "Brasil pertenece a los brasileños". La reacción de la Casa Blanca fue el silencio; Trump no felicitó a Lula, y desde el entorno del mandatario brasileño se advirtió que "Estados Unidos no puede oponerse al resultado electoral". Para el Perú, esto se traduce en un vecino predecible y estable que actuará como un contrapeso frente a las tensiones ideológicas que atraviesan la región.

Ese liderazgo se materializa en plataformas concretas como el BRICS, donde Brasil utilizó su presidencia rotativa en 2025 para impulsar una agenda pragmática: la reforma de la gobernanza global, la cooperación en salud con la "Asociación para la Eliminación de Enfermedades Socialmente Determinadas", la gobernanza ética de la inteligencia artificial y el uso de monedas locales para reducir la dependencia del dólar. Para el Perú, que comparte con Brasil la necesidad de reformar la arquitectura financiera internacional, estas iniciativas abren espacios de coordinación que pueden fortalecer su posición en foros globales. Además, la negativa de Lula a alinearse automáticamente con Washington, a pesar de la presión arancelaria, envía una señal clara a Lima: es posible mantener una relación pragmática con Estados Unidos sin renunciar a los lazos económicos con China, demostrando que la "autonomía estratégica" no es una quimera, sino una opción viable en Sudamérica.

No obstante, el escenario regional no está exento de tensiones. La relación entre Lula y el gobierno argentino de Javier Milei ha sufrido un deterioro profundo, con un intercambio de ataques que llevó a Brasil a rebajar el nivel de sus relaciones diplomáticas con Buenos Aires. Esta fractura debilita la capacidad de presentar un frente sudamericano unido y obliga a Lula a ejercer un liderazgo pragmático, basado en intereses de Estado. Paradójicamente, esto beneficia al Perú, pues lo posiciona como un interlocutor confiable y estable en la región, con una base política sólida para la cooperación. La presidenta peruana, Keiko Fujimori, felicitó a Lula y reafirmó la voluntad de "fortalecer la alianza estratégica", un gesto que fue correspondido por el mandatario brasileño, indicando una sintonía política que contrasta con la hostilidad que Lula mantiene hacia otros gobiernos de la región.

En el plano económico, la relación Perú-Brasil es asimétrica y presenta un déficit comercial persistente; en el 2025, el intercambio bilateral alcanzó los 4,919 millones de dólares, pero Perú importó 3,332 millones y solo exportó 1,587 millones, resultando en un saldo negativo de 1,745 millones. La victoria de Lula, con su disposición a avanzar en una "agenda bilateral ambiciosa", abre la puerta a negociaciones para equilibrar la balanza. Empresas brasileñas han mostrado interés explícito en una canasta de productos peruanos que incluye espárragos, arándanos, granadas, cacao en polvo, conservas de pescado, aceitunas, alcachofas y orégano. En el primer semestre de 2026, a pesar de una caída general del sector, productos como las aceitunas preparadas (14.7 millones de dólares), los arándanos (6.2 millones, +51.6%), el orégano (5.1 millones, +27.8%) y la tara en polvo (2.8 millones, +90%) mostraron un dinamismo destacado, mientras que el cobre se mantuvo como el principal producto exportado a Brasil (457 millones, +2%) y la plata creció un 70%.

El eje de infraestructura es, quizás, el área de mayor potencial y donde la competencia entre potencias se materializa con mayor crudeza. El megapuerto de Chancay, junto con el proyecto del Ferrocarril Bioceánico, busca convertir al Perú en el nodo estratégico que conecte los puertos brasileños del Atlántico con el Pacífico y, desde allí, con Asia. Sin embargo, Washington ha presionado públicamente advirtiendo que la propiedad china del puerto —Cosco Shipping controla el 60%— podría comprometer la soberanía peruana, en un intento por deslegitimar la inversión. Pekín, por su parte, rechaza estas acusaciones y defiende su inversión, que supera los 30,000 millones de dólares en todo el Perú, como transparente y generadora de desarrollo. El Perú ha jugado hábilmente la carta de la neutralidad diplomática, evitando confrontar directamente a China mientras profundiza su cooperación en seguridad con Estados Unidos a través de iniciativas como el "Escudo de las Américas" y el estatus de Aliado Principal Extra-OTAN (MNNA). El canciller peruano ha sido explícito: la cooperación con Washington "no supone un perjuicio en la relación con China" ni una renuncia a una política exterior autónoma.

Esta estrategia se consolida como un "no alineamiento activo". El Perú coopera con Estados Unidos en seguridad e inteligencia —áreas donde su apoyo es indispensable para combatir el crimen transnacional— y, simultáneamente, mantiene y profundiza la relación económica con China, que en 2025 superó los 50,000 millones de dólares en intercambio bilateral, muy por encima de los 29,200 millones con Estados Unidos. La lógica es clara: obtener lo mejor de cada socio sin convertirse en plataforma subordinada de ninguno. El corredor bioceánico, cuya viabilidad estudian formalmente Brasil y China con un horizonte de 18 a 20 meses, es la prueba de fuego de esta estrategia; representa la oportunidad de convertir al Perú en el hub logístico de Sudamérica, pero también lo expone a la competencia por la influencia sobre una infraestructura crítica. El principal riesgo es que la competencia entre Washington y Pekín se intensifique y que el Perú se vea forzado a elegir bando, perdiendo el margen de autonomía que hoy ejerce. La judicialización de la regulación del puerto de Chancay es una muestra de cómo la pugna puede trasladarse al plano interno.

En definitiva, la victoria de Lula ofrece al Perú una oportunidad estratégica para consolidar una relación multifacética con su principal socio regional, basada en la estabilidad política, la complementariedad económica y la integración física. Los frutos potenciales se verían en el mediano y largo plazo, especialmente en la corrección del déficit comercial y en la materialización de la conexión bioceánica. El reto inmediato para el Perú será aprovechar esta coyuntura política favorable para convertir la voluntad expresada en acuerdos concretos, superando las barreras estructurales y asegurando que los beneficios de la integración lleguen de manera equitativa. Al mismo tiempo, deberá navegar con destreza la creciente rivalidad entre las grandes potencias, construyendo la fuerza nacional necesaria para negociar con ambas desde una posición de mayor autonomía. El camino no es elegir entre el "águila" y el "dragón", sino demostrar que América Latina ya no es un patio trasero dócil y que el Perú está decidido a labrar su propio destino en el concierto global.

 
 
 

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