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La Inteligencia Artificial en la Educación del Perú: entre la innovación y la brecha digital

Foto del escritor: Alfredo Arn
Alfredo Arn
3 ago
5 min de lectura

La llegada de la inteligencia artificial (IA) al sistema educativo peruano ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una realidad que redefine cómo se enseña y se aprende en las aulas del siglo XXI. Desde los salones de primaria hasta los laboratorios universitarios, herramientas como ChatGPT, Gemini y plataformas de aprendizaje adaptativo están transformando la relación entre docentes y estudiantes. Sin embargo, esta transformación no ocurre de manera uniforme: mientras en la educación superior la adopción es masiva y casi naturalizada, en la primaria y secundaria —especialmente en zonas rurales— el avance es más timido y depende fuertemente de las políticas públicas y la conectividad disponible. En este contexto, Perú enfrenta el desafío de integrar la IA no solo como un gadget tecnológico, sino como una herramienta pedagógica que mejore la calidad educativa sin profundizar las desigualdades históricas del país.

El marco regulatorio sentado por la Ley N.° 31814 y su reglamento aprobado en septiembre de 2025 por el Decreto Supremo N.° 115-2025-PCM marca un hito importante en esta transición. Esta normativa clasifica a la educación como un sector de "riesgo alto" en el uso de IA, lo que obliga a las instituciones a garantizar transparencia algorítmica, protección de datos personales, supervisión humana en decisiones sensibles y evaluaciones de impacto ético. Para el sector público, estos lineamientos entraron en vigor en enero de 2026, estableciendo un estándar sin precedentes que busca evitar que la tecnología se aplique de forma irresponsable. No obstante, la norma también plantea un reto de implementación: muchas escuelas públicas aún carecen de la infraestructura y el personal capacitado para cumplir con estos requisitos técnicos, lo que podría generar una brecha regulatoria entre la norma y la práctica real en los salones de clase.

En el nivel de educación primaria, el Ministerio de Educación (MINEDU) ha optado por un enfoque cauteloso pero estructurado, centrado en capacitar al docente antes que en exponer directamente a los menores a la tecnología. El programa BIAE 2026 ofrece 112 horas de formación virtual donde los maestros aprenden a utilizar el asistente automatizado INTI para planificar actividades de lectura y diseñar secuencias didácticas alineadas al Currículo Nacional. Esta estrategia reconoce que, en edades tempranas, el valor de la IA no reside en reemplazar al maestro, sino en liberarlo de tareas administrativas para que pueda dedicar más tiempo a la interacción humana y al desarrollo emocional de los niños. Paralelamente, se trabaja en un (1) Marco de Alfabetización en Inteligencia Artificial (AILit) que busca que los estudiantes, desde pequeños, comprendan qué es la IA, cómo funciona y qué riesgos implica, fomentando un pensamiento crítico que los acompañará toda la vida.

La educación secundaria representa el terreno donde la política pública está mostrando mayor ambición. En 2026, el MINEDU implementará el uso de inteligencia artificial para planificar aprendizajes en 205 instituciones rurales que operan bajo modelos de Secundaria en Alternancia, con Residencia Estudiantil y Tutorial, beneficiando a cerca de 27,000 estudiantes. Esta apuesta es crucial porque busca acortar la distancia pedagógica entre el campo y la ciudad, ofreciendo a los jóvenes rurales acceso a recursos personalizados que antes solo estaban al alcance de colegios urbanos con mejor conectividad. Además, en la secundaria se está consolidando la enseñanza de la IA; los adolescentes no solo usan estas herramientas para hacer tareas, sino que comienzan a aprender a interactuar, crear y diseñar con ellas, evaluando dilemas éticos y comprendiendo los sesgos algorítmicos que pueden reproducir las desigualdades sociales.

En la educación universitaria, el panorama es radicalmente distinto. Aproximadamente el 95% de los estudiantes de pregrado ya utiliza herramientas de IA generativa para optimizar su aprendizaje, ya sea para sintetizar información, redactar ensayos, resolver problemas complejos o preparar presentaciones. Las principales universidades del país —como la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM)— han respondido con ofertas académicas especializadas en Big Data, Machine Learning e Inteligencia Artificial, además de integrar estas tecnologías en sus propios procesos de investigación. El docente universitario, según el Informe sobre la IA en la Educación 2025 de Microsoft, está mutando de mero transmisor de contenidos a diseñador de experiencias de aprendizaje, utilizando la IA para automatizar la calificación y la gestión administrativa, y redirigiendo su tiempo hacia la mentoría y el desarrollo de habilidades blandas.

Sin embargo, esta expansión vertiginosa no está exenta de sombras. El principal obstáculo es la brecha de infraestructura: solo el 71.5% de las escuelas secundarias del país tiene acceso a internet, y la cifra cae dramáticamente en zonas rurales y de extrema pobreza. Esta realidad convierte a la IA en un privilegio geográfico y económico, poniendo en riesgo el principio de equidad que debería regir la educación pública. En el ámbito universitario, el problema se traslada a la integridad académica; el uso masivo de IA generativa para redactar trabajos sin procesamiento crítico plantea un dilema sobre qué significa realmente aprender. Además, la protección de datos de menores, la transparencia sobre cómo los algoritmos toman decisiones que afectan la trayectoria escolar de un estudiante, y el riesgo de que la tecnología reproduzca sesgos culturales o sociales, son desafíos éticos que el sistema educativo aún no ha resuelto de manera satisfactoria.

Mirando hacia el futuro inmediato, las tendencias apuntan a una IA cada vez más agéntica y personalizada. Se proyecta que, hacia finales de 2026, los sistemas de tutores inteligentes podrán acompañar a cada estudiante a lo largo de toda su trayectoria académica, identificando sus fortalezas, debilidades y estilos de aprendizaje en tiempo real. El Plan Nacional de Transformación Digital 2021-2026 sigue operando como marco orientador, mientras que startups locales como Tutorez desarrollan plataformas de tutoría adaptativa que complementan la oferta estatal. En este escenario, la Secretaría de Gobierno y Transformación Digital de la PCM deberá emitir lineamientos técnicos específicos para el sector educativo, garantizando que la innovación no avance a costa de los derechos de los estudiantes ni de la calidad pedagógica.

Para que la inteligencia artificial sea realmente una aliada de la educación peruana y no un factor de exclusión, se requiere una hoja de ruta articulada entre el Estado, las universidades y la sociedad civil. Primero, el MINEDU debe priorizar la conectividad y dotación tecnológica de las escuelas rurales antes de escalar masivamente programas de IA, pues una política digital sin infraestructura es una política fallida. Segundo, la formación docente debe ser continua y obligatoria, no solo en el uso de herramientas, sino en pedagogía crítica sobre IA, para que los maestros puedan guiar a sus estudiantes en un uso ético y reflexivo. Tercero, las universidades deben construir códigos de integridad académica claros que no prohíban la IA, sino que regulen su uso pedagógico, enseñando a citar y verificar lo que los algoritmos generan. Cuarto, es imperativo desarrollar un marco de protección de datos específico para menores de edad en el entorno escolar, con controles rigurosos sobre qué información pueden procesar las plataformas privadas. Quinto, se debe fomentar la investigación nacional en IA educativa, aprovechando institutos como el IIIA de la UNI (Proyecto institucional en desarrollo) u otra institucion superior, para no depender exclusivamente de tecnologías extranjeras que no siempre responden al contexto cultural y lingüístico peruano. Solo con estas medidas, la inteligencia artificial podrá cumplir su promesa de democratizar el conocimiento en un país que tanto lo necesita.




(1) El Marco de Alfabetización en Inteligencia Artificial (AILit) es una iniciativa conjunta de la Comisión Europea y la OCDE para integrar competencias de IA en educación primaria y secundaria. Se estructura en dominios clave como relacionarse, crear, gestionar y diseñar con inteligencia artificial de forma ética y crítica, sirviendo de base para la evaluación PISA 2029.

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