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Acuerdo nuclear con Washington y TLC modernizado con Beijing; el mes clave de la diplomacia peruana

Foto del escritor: Alfredo Arn
Alfredo Arn
hace 5 minutos
4 min de lectura

En una semana de intensa actividad diplomática, Perú ha consolidado dos movimientos estratégicos que reflejan su posición privilegiada en el tablero geopolítico latinoamericano. El 3 de noviembre de 2026, el gobierno peruano firmó un Memorándum de Entendimiento sobre Cooperación Nuclear Civil Estratégica con Estados Unidos, mientras que apenas días antes, el 1 de noviembre, entró en vigor el Protocolo de Optimización del Tratado de Libre Comercio con China. Estos dos acontecimientos, ocurridos casi simultáneamente, no son coincidencia: representan los dos pilares fundamentales de la doctrina de política exterior peruana en la era de la competencia entre grandes potencias.

El acuerdo nuclear con Washington fue suscrito por el ministro de Energía y Minas, Guillermo Shinno Huamaní, y el subsecretario de Estado para el Control de Armamentos y la Seguridad Internacional de EE.UU., Thomas G. DiNanno, en Lima. Con esta firma, Perú se convierte en el quinto socio bilateral de Estados Unidos en América Latina en materia de cooperación nuclear civil, uniéndose a Ecuador, República Dominicana, Colombia y El Salvador. El convenio contempla un desembolso inicial de un millón de dólares destinado a financiar estudios de factibilidad, asistencia técnica y capacitación profesional para el Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN).

El objetivo central del acuerdo es evaluar la viabilidad de implementar Reactores Modulares Pequeños (SMR) y microrreactores en territorio peruano. Estas tecnologías innovadoras buscan diversificar la matriz eléctrica nacional y ofrecer fuentes de suministro limpio, especialmente en zonas alejadas y de difícil acceso de la red eléctrica convencional, como las comunidades amazónicas. El IPEN ha destacado que esta visión apunta a fortalecer la seguridad energética y atender necesidades críticas en hospitales o regiones remotas, mientras que las autoridades estadounidenses han señalado aplicaciones potenciales para sectores productivos estratégicos.

Más allá de sus implicancias técnicas, el acuerdo nuclear tiene profundas connotaciones geopolíticas. Se enmarca en una estrategia más amplia de Washington para posicionar su tecnología y los rigurosos estándares de seguridad de su Comisión Reguladora Nuclear (NRC) frente a la creciente oferta de tecnología nuclear de Rusia y China en América Latina. El embajador de EE.UU. en Perú, enfatizó que "no todos los proveedores de energía nuclear son iguales" y que su gobierno quiere asegurar que Perú no genere dependencia en su red eléctrica de proveedores que puedan representar un riesgo para la seguridad nacional. Cabe destacar que, por ahora, se trata de un acuerdo de carácter no vinculante que fija una intención política; cualquier transferencia real de tecnología requeriría un instrumento posterior conocido como "Acuerdo 123".

Paralelamente, y en una clara muestra de pragmatismo diplomático, Perú profundizó su integración económica con China mediante la entrada en vigor del Protocolo de Optimización del Tratado de Libre Comercio el 1 de noviembre de 2026. Este protocolo, establecido mediante el Decreto Supremo 012-2026-MINCETUR, no reemplaza el TLC original sino que lo moderniza sustancialmente: actualiza siete capítulos existentes e incorpora cinco capítulos completamente nuevos, ampliando los ámbitos de cooperación y actualizando las condiciones para el intercambio económico bilateral.

Los cinco nuevos capítulos incorporados al TLC son particularmente reveladores de las prioridades comerciales del siglo XXI. Estos incluyen: comercio electrónico, competencia, cadenas globales de suministro, cooperación en normas y evaluación de la conformidad, y medio ambiente y sostenibilidad. En el ámbito de las cadenas globales de suministro, el protocolo contempla el intercambio de información sobre indicadores logísticos y el reconocimiento de documentos de transporte para simplificar las operaciones de comercio exterior, facilitando especialmente la participación de las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) peruanas en el mercado asiático.

Los beneficios económicos de esta optimización son significativos y multifacéticos. Las nuevas reglas buscan simplificar las gestiones aduaneras y modernizar los procedimientos para importar y exportar mercancías entre ambos mercados. En el campo de la propiedad intelectual, se incorporaron disposiciones para proteger las indicaciones geográficas, un avance clave para productos emblemáticos peruanos como el pisco, el café o la quinua en el vasto mercado chino. Asimismo, en el capítulo ambiental, Perú y China reconocen la importancia de incorporar la sostenibilidad en los procesos productivos y proponen identificar iniciativas de cooperación en ámbitos como la economía circular.

Estos dos movimientos diplomáticos ilustran perfectamente lo que los analistas denominan el "equilibrio estratégico" del Perú. Con Estados Unidos, Perú alinea su agenda de seguridad, tecnología de punta y estándares regulatorios, asegurando acceso a tecnologías críticas como la energía nuclear bajo los más altos estándares internacionales. Con China, Perú profundiza su integración comercial, logística y de infraestructura, garantizando un flujo constante de inversiones y un mercado cautivo para sus materias primas y productos agroexportadores. China reafirma así su posición como el principal socio comercial y mayor destino de las exportaciones peruanas, mientras que Estados Unidos consolida su rol como socio preferente en seguridad y tecnología avanzada.

El verdadero desafío geopolítico para el gobierno peruano en este nuevo ciclo político será administrar esta dualidad sin que las crecientes tensiones entre Washington y Beijing obliguen a Lima a "elegir un bando". La firma simultánea de un acuerdo nuclear con EE.UU. y la optimización del TLC con China en la misma semana demuestra que Perú posee la autonomía estratégica y la sofisticación diplomática para beneficiarse de ambas potencias. Sin embargo, esta posición de equilibrio requiere una gestión cuidadosa y constante, especialmente en un contexto regional donde la competencia entre grandes potencias se intensifica y donde decisiones como la implementación del Puerto de Chancay o la expansión de la infraestructura energética pueden tener implicancias que trascienden las fronteras peruanas. En este delicado juego de equilibrios, Perú ha demostrado hasta ahora que es posible mantener relaciones estratégicas con ambas potencias, aunque el futuro exigirá una navegación diplomática cada vez más hábil.

 
 
 

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