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Las boletas con DNI y el futuro de las pensiones: un aporte pequeño que empieza a construir

Foto del escritor: Alfredo Arn
Alfredo Arn
hace 1 hora
3 min de lectura

A partir del 1 de enero de 2027, el Perú pondrá en marcha un mecanismo inédito dentro de su reforma previsional: la pensión por consumo. Sustentado en la Ley N° 32123 y su reglamento, el Decreto Supremo N° 189-2025-EF, este esquema permitirá que una parte del gasto cotidiano de los ciudadanos se convierta en ahorro para la jubilación. La lógica es simple pero poderosa: cada compra formal puede dejar de ser un gasto meramente presente para transformarse en un pequeño ladrillo del fondo previsional futuro.

El corazón de la medida es el aporte por consumo. El Estado depositará en una cuenta especial del afiliado un monto equivalente al 1% del valor de sus compras sustentadas con boletas electrónicas emitidas a su nombre y DNI. Para que este beneficio se active, no basta con realizar la transacción: es imprescindible solicitar la boleta electrónica con los datos personales en cada compra que se quiera computar. Este ahorro tiene un tope anual de 8 UIT, lo que, con la UIT de 2026, equivale a un consumo máximo de S/ 44,000 y un aporte máximo de S/ 440 al año.

La implementación será gradual. La Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) estima que alrededor de 15 millones de afiliados a los sistemas público y privado tendrán una cuenta especial de aporte por consumo abierta antes del 31 de diciembre de 2026. Sin embargo, durante todo 2027 solo se registrarán y validarán los consumos, y los primeros abonos efectivos de dinero a las cuentas previsionales se realizarán recién en 2028. La validación será automática mediante el cruce de información entre la SUNAT, el MEF y las entidades previsionales, sin que el ciudadano deba presentar trámites adicionales.

¿Cuál es el impacto real para los futuros jubilados? Las proyecciones elaboradas por especialistas como Elio Sánchez, exfuncionario de la SBS, muestran que el monto, aunque pequeño, puede marcar una diferencia. Un joven que empiece a acumular desde los 18 años y alcance el tope de consumo anual podría recibir alrededor de S/ 392 al mes de pensión por consumo al jubilarse a los 65 años, asumiendo una rentabilidad del 5% anual. Si el mismo esfuerzo se inicia a los 35 años, el beneficio mensual rondaría los S/ 146. No es una suma que resuelva la vida, pero es un complemento que antes no existía para millones de personas.

El principal valor de esta medida radica en su carácter inclusivo y complementario. La pensión por consumo no reemplaza los aportes obligatorios del trabajo formal, sino que se suma a ellos, beneficiando especialmente a quienes tienen trayectorias laborales intermitentes o informales y que, de otro modo, difícilmente alcanzarían a construir un fondo previsional propio. En un país donde la informalidad es la regla y no la excepción, este mecanismo reconoce que el consumo formal también es una forma de contribuir al sistema y de generar arraigo en él.

Sin embargo, es fundamental ser honesto sobre sus límites. Diversos analistas advierten que el monto es reducido y que difícilmente podrá, por sí solo, construir una pensión significativa. Además, al estar vinculado al consumo, tiende a favorecer más a quienes tienen mayores ingresos y capacidad de gasto, mientras que las personas de menores recursos, cuyo consumo suele estar exonerado del IGV o se realiza en la informalidad, verán un impacto mucho menor. La medida tampoco sustituye la necesidad de cumplir con los requisitos tradicionales de jubilación, como los 20 años de aportes para acceder a una pensión en la ONP.

Para que este beneficio funcione, la cultura previsional debe cambiar. El ciudadano debe interiorizar que pedir la boleta con DNI no es un trámite menor, sino un acto con consecuencias directas en su futuro. Es cierto que existen exclusiones —no se consideran boletas mayores a S/ 700, ni aquellas usadas para deducir impuestos, ni las emitidas por contribuyentes no habidos—, pero el hábito de exigir el comprobante electrónico es el primer paso para que el sistema funcione. La información es poder, y en este caso, también es ahorro.

En conclusión, la pensión por consumo representa un avance conceptual significativo al reconocer que la protección social puede nutrirse de múltiples fuentes. No es la solución definitiva al problema de las pensiones en el Perú, pero es una herramienta complementaria valiosa que, sumada a los aportes obligatorios, a una mayor formalización laboral y a una educación previsional sólida, puede contribuir a que más peruanos lleguen a la vejez con un respaldo económico un poco más robusto. El éxito dependerá de que los ciudadanos adopten la práctica de pedir su boleta con DNI y de que el Estado garantice que este pequeño ahorro se administre con transparencia y eficiencia.

 
 
 

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