Alerta Roja: Perú lidera automedicación en Latinoamérica y eso no es un logro
- Alfredo Arn
- hace 3 horas
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Un fenómeno que afecta a siete de cada diez peruanos
La automedicación se ha convertido en una práctica arraigada en la sociedad peruana, con cifras alarmantes que reflejan la magnitud de un problema sanitario complejo. Según estudios recientes, el 68.21% de los peruanos se automedica con antiinflamatorios no esteroideos, mientras que aproximadamente el 60% de la población general practica esta conducta de manera regular. Esta tendencia no surge de la nada; es el resultado de una combinación explosiva entre el colapso del sistema de salud público, la ausencia de educación sanitaria efectiva, la propaganda agresiva de la industria farmacéutica y las profundas desigualdades económicas que caracterizan al país. En Lima, el 43% de quienes acuden a farmacias se automedica, y lo más preocupante es que el 57% de estos compra medicamentos que técnicamente requieren prescripción médica, evidenciando una falla grave en la regulación y supervisión.
Cuando el sistema de salud te empuja a la Farmacia
Las deficiencias estructurales de ESSALUD y MINSA constituyen el motor principal de la automedicación. Los pacientes que dependen del sistema público enfrentan demoras inaceptables de dos a cuatro meses para obtener una cita médica, en un contexto donde los hospitales están al borde del colapso. La situación es aún más crítica en el interior del país: casi la mitad de los establecimientos de salud estatales no cuenta con médicos, y más del 75% carece de capacidad diagnóstica básica. Más de 1.8 millones de personas en 760 distritos deben viajar casi 50 minutos para acceder a atención con capacidad diagnóstica mínima. Ante esta realidad, la farmacia de la esquina se convierte en la única opción viable para millones de familias que no pueden esperar meses para recibir atención.
El desabastecimiento que obliga a comprar
La crisis de abastecimiento de medicamentos en el sistema público empuja aún más a la población hacia la automedicación. Más de 200 medicamentos esenciales están desabastecidos en ESSALUD, y aproximadamente uno de cada tres pacientes atendidos en centros públicos no consigue los medicamentos recetados. Esta situación obliga a los ciudadanos a comprar en farmacias privadas, incrementando dramáticamente el gasto de bolsillo. Entre 2019 y 2023, el gasto de bolsillo per cápita en salud aumentó un 29%, pasando de S/ 344 a S/ 444 anuales, acumulando un total de S/ 63,844 millones en cinco años. El 70% de este gasto se destina específicamente a medicamentos, lo que demuestra que los peruanos están pagando de su propio bolsillo lo que el Estado debería garantizar.
La desigualdad que determina quién se automedica y cómo
El nivel de ingresos juega un papel determinante en la lógica de la automedicación, generando comportamientos distintos según el estrato socioeconómico. El 10% más pobre de la población destina el 8.3% de sus ingresos a salud, comparado con solo el 4% del 10% más rico. Para los sectores vulnerables, la automedicación es una estrategia de supervivencia económica; prefieren gastar S/ 20-50 en una farmacia que arriesgarse a costos mayores en una consulta médica privada. En contraste, la clase media y alta se automedica por conveniencia y desconfianza, valorando más su tiempo que la seguridad médica. Esta brecha económica se traduce en desigualdades de salud profundas, donde los más pobres sufren las consecuencias más graves de prácticas de automedicación inadecuadas.
La propaganda que normaliza el riesgo
La industria farmacéutica ejerce una influencia poderosa mediante campañas publicitarias agresivas que presentan los medicamentos como soluciones rápidas e inofensivas. La publicidad en televisión, radio y redes sociales normaliza la automedicación, mostrando productos que prometen alivio inmediato sin mencionar adecuadamente los riesgos. Los "paquetes gripales", las promociones de temporada y los descuentos por compras masivas incentivan el consumo impulsivo. Esta propaganda crea una falsa percepción de seguridad: si un medicamento se anuncia masivamente, debe ser inocuo. La influencia de "influencers" y personas sin formación médica recomendando productos farmacéuticos en redes sociales agrava aún más esta situación, legitimando prácticas peligrosas.
La brecha educativa que condena a la desinformación
El bajo nivel de alfabetización en salud de la población peruana perpetúa la automedicación irresponsable. Millones de ciudadanos no comprenden conceptos básicos como la diferencia entre virus y bacterias, la importancia de completar tratamientos antibióticos, o los riesgos de las interacciones medicamentosas. En zonas rurales, el analfabetismo funcional impide la comprensión de prospectos y etiquetas. La educación escolar carece de programas efectivos sobre uso racional de medicamentos, y la información que llega a los adultos suele ser fragmentaria o contradictoria. Esta brecha educativa hace que las personas dependan de consejos familiares, mitos urbanos y la lógica de "me funcionó a mí", creando cadenas de transmisión de prácticas inseguras de generación en generación.
Consecuencias sanitarias que amenazan el futuro
Las repercusiones de la automedicación masiva son devastadoras y de largo alcance. La resistencia antimicrobiana representa una de las amenazas más graves: la OMS estima actualmente 700,000 muertes anuales mundiales por infecciones resistentes, con proyecciones de 10 millones de muertes anuales para 2050 si no se toman medidas urgentes. En Perú, el uso inadecuado de antibióticos para infecciones virales acelera esta crisis. Además, el abuso de antiinflamatorios causa hemorragias digestivas, insuficiencia renal crónica y fallas hepáticas. El enmascaramiento de enfermedades graves mediante el alivio sintomático retrasa diagnósticos oportunos de condiciones potencialmente mortales, transformando problemas tratables en emergencias irreversibles.
El colapso que viene: Proyecciones para el futuro
El panorama futuro del sistema de salud peruano no ofrece señales alentadoras sin cambios estructurales profundos. El 97% de hospitales y el 95% de institutos de salud mantienen infraestructura y equipamiento inadecuados. La doble práctica médica continúa afectando la disponibilidad de profesionales en el sector público, y la fragmentación entre ESSALUD, SIS y seguros privados perpetúa brechas de atención. Sin una reforma integral que fortalezca la atención primaria, garantice abastecimiento de medicamentos y reduzca las barreras de acceso, la automedicación seguirá creciendo exponencialmente. Las proyecciones indican un aumento de la resistencia antimicrobiana, mayor gasto catastrófico de las familias y profundización de las desigualdades sanitarias entre Lima y las regiones, y entre ricos y pobres.
Rompiendo el círculo vicioso: soluciones necesarias
Abordar la automedicación requiere intervenciones simultáneas en múltiples frentes. Es imperativo regular la publicidad de medicamentos, prohibiendo la promoción de fármacos de prescripción en medios masivos y controlando las promociones en farmacias. La educación en salud debe incorporarse desde la primaria, enfocándose en el uso racional de medicamentos y el desarrollo de alfabetización sanitaria. El sistema de salud requiere una inversión urgente en atención primaria, garantizando que el 80% de la carga de enfermedad se resuelva en el primer nivel, con médicos disponibles y medicamentos abastecidos. La expansión de la telesalud y la implementación de triage telefónico gratuito pueden ofrecer orientación profesional antes de que la persona recurre a la automedicación.
Una llamada a la acción colectiva
La automedicación en Perú no es un problema individual de comportamiento, sino un síntoma de la crisis estructural del sistema de salud y de las profundas desigualdades sociales. Mientras el Estado no garantice acceso oportuno, medicamentos disponibles y educación sanitaria efectiva, millones de peruanos seguirán arriesgando sus vidas en farmacias. La resistencia antimicrobiana, el gasto catastrófico y el deterioro de la salud pública son consecuencias que ya se manifiestan y que amenazan con convertirse en una crisis sanitaria irreversible. Solo mediante una reforma integral, regulación inteligente de la industria farmacéutica, inversión en educación y protección económica de los más vulnerables, Perú podrá transformar la automedicación de una estrategia de supervivencia desesperada en una práctica ocasional y segura, siempre bajo supervisión profesional. El momento de actuar es ahora, antes de que las consecuencias sean irreparables.



