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Seguridad, Geopolítica y un "Súper Niño" en el horizonte: los tres frentes que enfrentará Keiko Fujimori

  • Foto del escritor: Alfredo Arn
    Alfredo Arn
  • hace 4 días
  • 4 min de lectura

Keiko Fujimori asume hoy la Presidencia de la República en medio de un escenario de triple complejidad que redefine el rol de las Fuerzas Armadas, coloca a Perú en el centro del tablero geopolítico mundial y, además, enfrenta una amenaza climática de proporciones catastróficas. La mandataria electa, que en las próximas horas recibirá la banda presidencial, ha anticipado un giro sustancial en la estrategia de seguridad, con un protagonismo sin precedentes para los militares en tareas de orden interno, al tiempo que el país se alinea de manera decidida con Estados Unidos. Pero el desafío más inmediato y acuciante podría ser el fenómeno El Niño, que ya está presente en el país y amenaza con alcanzar una intensidad "muy fuerte" entre octubre y noviembre de este año.

El combate a la inseguridad ciudadana, principal demanda de la población, será el eje del nuevo gobierno. Fujimori ha confirmado que solicitará facultades legislativas al Congreso bicameral para implementar una estrategia coordinada entre la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas y el Instituto Nacional Penitenciario. El plan contempla operaciones de "rastrillaje" en zonas fronterizas, el control militar de los centros penitenciarios y la creación de una Unidad Especial de Inteligencia Financiera y Ciberdelito. "La participación de las FF.AA. en las fronteras va a ser por un plazo mucho más largo que en los penales, porque está claro que ahí se planifican delitos", sostuvo la lideresa de Fuerza Popular durante la campaña. Esta medida, que implica una militarización de la seguridad ciudadana, ha generado críticas de organizaciones defensoras de los derechos humanos, especialmente tras la aprobación en el Parlamento saliente de una ley que blinda a militares y policías de la justicia ordinaria por delitos de función.

En el plano geopolítico, la llegada de Fujimori al poder consolida un viraje estratégico hacia Occidente. En enero de este año, el presidente Donald Trump designó a Perú como "Aliado Principal no perteneciente a la OTAN", un estatus que comparte en la región solo con Argentina y Colombia. Esta designación facilita la cooperación militar, el acceso a financiamiento y la compra de material bélico estadounidense. La nueva administración también ha mostrado interés en sumarse al "Escudo de las Américas", una iniciativa hemisférica liderada por Washington para combatir el narcotráfico, el crimen organizado transnacional y la migración irregular. Este movimiento no es menor: Perú se ha convertido en el epicentro de la disputa entre China y Estados Unidos por el control de infraestructura crítica y rutas marítimas en Sudamérica, con el megapuerto de Chancay, de capitales chinos, como símbolo de esa competencia.

Sin embargo, la principal preocupación a corto plazo es el devastador impacto que El Niño podría desatar. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos elevó de 63 % a 81 % la probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y noviembre. El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) ha advertido que El Niño Costero alcanzaría su máxima intensidad entre agosto y noviembre, llegando a una categoría de "muy fuerte". El fenómeno, que podría extenderse hasta el verano de 2027, ya ha provocado un otoño e invierno inusualmente cálidos, con temperaturas entre 5 y 6 grados por encima de lo normal en la costa. Los efectos previstos son catastróficos; lluvias torrenciales, sequías en la sierra y la Amazonía, déficit hídrico y graves daños a la agricultura y la pesca. Más de 9.3 millones de personas en el país se encuentran expuestas a un nivel de riesgo muy alto por inundaciones y deslizamientos, según el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred).

Frente a este escenario, la presidenta electa ya ha comenzado a delinear su estrategia. Fujimori ha calificado la situación como una posible "catástrofe" y ha asegurado que su gobierno prepara medidas de prevención y asistencia para apoyar a los sectores más vulnerables, como la pesca artesanal y la agricultura. La futura mandataria evalúa recurrir a decretos de urgencia para activar obras de prevención y no descarta solicitar cooperación internacional en caso de que ocurran desastres. El gobierno interino, por su parte, ya había anunciado una inversión de 1,231 millones de dólares para ejecutar medidas de prevención entre 2026 y 2027. Sin embargo, 796 distritos en 22 departamentos ya permanecen bajo estado de emergencia por el peligro inminente de lluvias intensas. Perú ha vivido episodios anteriores particularmente devastadores: entre 1997 y 1998, El Niño causó 500 muertos y un desplome del PIB del 6%; entre 1982 y 1983, las cifras fueron aún más trágicas con 9,000 fallecidos y una caída del PIB del 11.6%.

El escenario que se abre a partir de hoy es de una complejidad inédita. Fujimori asume con la promesa de recuperar la paz, pero enfrenta el triple desafío de equilibrar una estrategia de seguridad de mano dura con el respeto a los derechos humanos, navegar la tensa disputa geopolítica entre China y Estados Unidos, y gestionar una crisis climática que podría ser una de las más intensas de las últimas décadas. El nuevo gobierno tendrá que demostrar una habilidad extraordinaria para coordinar la respuesta a emergencias, mantener la estabilidad política en un Congreso fragmentado y asegurar que las inversiones en prevención lleguen a tiempo a las zonas más vulnerables. Perú, que hasta hace poco era un actor secundario en el tablero global, se ha convertido en un territorio estratégico donde se dirimen los intereses de las grandes potencias, mientras su población enfrenta la amenaza inminente de un fenómeno natural que pondrá a prueba la capacidad de respuesta del Estado y la resiliencia de sus ciudadanos.

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