Redes sociales y elecciones en Perú: el voto que se decide en 30 segundos
- Alfredo Arn
- 20 ene
- 2 Min. de lectura

En menos de cinco años, la campaña electoral peruana mudó de la plaza pública al bolsillo del elector. Mientras la televisión agoniza en rating, YouTube, TikTok e Instagram concentran 87 % del tiempo de pantalla de los jóvenes que votarán por primera vez en 2026. Para ellos, un candidato “no existe” si no aparece en un Reel o en un directo de Twitch; allí se forja la primera impresión y, con frecuencia, la decisión final.
La ONPE ya tradujo esa realidad en cifras; destinará S/ 229,189 por partido exclusivamente para pauta digital y obligará a incluir redes sociales en la franja electoral oficial. El mensaje es claro; el dinero público sigue al votante, y el votante migró a plataformas donde una propuesta de gobierno debe competir con recetas de ceviche y bailes virales.
El nuevo formato premia la espontaneidad sobre la ortodoxia. Los políticos que mejor han comprendido el cambio abandonan los discursos de diez minutos y apelan a micro-videos de 30 segundos grabados con el celular en vertical. La contracara es la superficialización; reducir la reforma tributaria o la seguridad ciudadana a un meme puede generar “like”, pero también confusión colectiva.
Precisamente, esa confusión es aprovechada por quienes fabrican desinformación de alta velocidad. Deepfakes que muestran a un candidato borracho o voces generadas por IA que insultan a la población migrante circulan por WhatsApp y Telegram en cuestión de minutos. En 2021, varios partidos denunciaron caídas de hasta 4 puntos en intención de voto tras campañas de bulos que, aunque luego desmentidas, ya habían calado en el imaginario.
Ante el tsunami de fake news, el Jurado Nacional de Elecciones creó el Comité Técnico de Fact Checking (CTFC), un equipo multidisciplinario que monitorea 24 h redes sociales y pide retiros de contenido. Sin embargo, la escala del problema supera al Estado: en solo una semana de campaña se publican más de un millón de posts políticos. Por eso, el JNE busca alianzas con universidades y medios para multiplicar la velocidad de verificación.
La batalla ya no es solo por el contenido, sino por el algoritmo que decide quién lo ve. Expertos advierten que Meta, TikTok y X manejan agendas comerciales que pueden beneficiar o enterrar una propuesta sin rendir cuentas. La investigadora Alice Colombi pide que las plataformas firmen pactos de transparencia que revelen montos de pauta política y criterios de distribución, algo que hoy ocurre de forma opaca y desigual.
En este escenario, los partidos contratan creadores de contenido como si fueron estrategas; influencers de comedia, gamers o “coach” de fitness que, a cambio de dinero o cargos futuros, convierten la propuesta de seguridad ciudadana en un video de skate y parlantes. La pregunta ética es si esos pagos serán declarados al Órgano de Control Electoral o quedarán ocultos entre stories efímeros.
Las Elecciones Generales 2026 serán, entonces, la primera contienda totalmente nativa-digital del país. El voto se definirá en la fricción entre autenticidad y manipulación, entre la creatividad de un Reel bien logrado y la oscuridad de un bulo no detectado. El ganador no será quien tenga más dinero, sino quien logre convertir 30 segundos de atención en cinco años de confianza sin perder la brújula democrática.







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