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Perú rumbo al 99% de conectividad; el desafío de una nación digital

  • Foto del escritor: Alfredo Arn
    Alfredo Arn
  • hace 20 horas
  • 3 Min. de lectura

La frase "internet access is highly correlated with per capita income" refleja una realidad evidente en América Latina: los países con mayor desarrollo económico tienden a tener poblaciones mejor conectadas. Sin embargo, esta correlación no es un destino ineludible. Perú enfrenta el desafío de romper esta tendencia y construir una sociedad donde el acceso a internet alcance al 99% de su población, independientemente de su nivel de ingresos. Este objetivo, ambicioso pero alcanzable, requiere una transformación integral de su infraestructura digital, su marco regulatorio y su política social.

La pieza central de esta transformación es la infraestructura física. El proyecto de fibra óptica submarina Perú-China, anunciado en 2024, representa un avance estratégico sin precedentes. Este cable reducirá la latencia con Asia, diversificará las rutas internacionales y posicionará al Perú como hub digital sudamericano. No obstante, el cable solo llega a las costas peruanas. El verdadero desafío reside en extender esta conectividad hacia el interior del país, atravesando la compleja geografía de la sierra y la selva amazónica, donde residen millones de peruanos actualmente desconectados.

La geografía peruana exige soluciones tecnológicas diversificadas. Mientras la fibra óptica terrestre resulta eficiente para ciudades y carreteras principales, las zonas rurales dispersas requieren enfoques innovadores. La conectividad satelital, liderada por constelaciones como Starlink y OneWeb, ofrece una alternativa viable para comunidades aisladas. Complementariamente, los radioenlaces de microondas, la tecnología TV Whitespace y los futuros balones estratosféricos pueden cerrar brechas donde la fibra resulta económicamente inviable. La clave está en combinar estas tecnologías según el contexto local, evitando soluciones únicas para problemas diversos.

El marco institucional determinará el éxito o fracaso de esta expansión. PRONATEL (Programa Nacional de Telecomunicaciones), que asumió las funciones del anterior FITEL, necesita fortalecimiento urgente para ejecutar proyectos de conectividad en zonas no rentables para el mercado privado. Asimismo, el OSIPTEL debe promover la compartición obligatoria de infraestructura: torres, postes y ductos que reduzcan costos de despliegue. Un modelo de subsidios cruzados, donde las tarifas urbanas financien la conectividad rural, podría garantizar la sostenibilidad económica del sistema universal sin quebrar a los operadores privados.

La infraestructura sola no basta. Alcanzar el 99% requiere atacar la brecha digital de acceso a dispositivos. Un peruano promedio en zonas rurales puede tener cobertura 4G, pero carece del smartphone o computadora para aprovecharla. Programas de financiamiento accesible, impuestos diferenciados a dispositivos de entrada y donaciones de equipos reacondicionados son medidas esenciales. Sin hardware asequible, la conectividad permanece como potencialidad teórica, no como herramienta real de desarrollo.

La alfabetización digital constituye el tercer pilar de esta estrategia. Adultos mayores, poblaciones rurales y comunidades indígenas frecuentemente enfrentan barreras culturales y de habilidades ante la tecnología. Programas de capacitación comunitaria, contenidos en lenguas originarias y servicios públicos digitales intuitivos (salud, educación, trámites) crearán la demanda que justifique y sostenga la inversión en infraestructura. La conectividad sin uso es infraestructura ociosa.

La experiencia internacional demuestra que el 99% es posible. Uruguay, con su Plan Ceibal, alcanzó cobertura cercana al 100% en educación mediante computadoras portátiles y conectividad escolar universal. Estonia construyó una sociedad digital integral desde cero tras su independencia. Estos casos muestran que la voluntad política de largo plazo, superior a los ciclos electorales, determina más que los recursos iniciales. Perú necesita un "Plan Ceibal nacional" que trascienda gobiernos y cuente con consenso multipartidario.

Finalmente, alcanzar el 99% de conectividad representa una inversión estimada entre 3 y 5 mil millones de dólares durante la próxima década. Esta cifra, aparentemente elevada, debe compararse con el costo de la desconexión: menor competitividad económica, exclusión financiera, brechas educativas profundas y debilitamiento de la democracia participativa. El cable submarino Perú-China abre una ventana de oportunidad histórica. Aprovecharla depende de que el Estado, el sector privado y la sociedad civil coordinen esfuerzos hacia una visión compartida: un Perú donde el acceso a internet sea derecho fundamental, no privilegio económico.

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