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Minerales críticos e inversión: Perú como laboratorio de la nueva estrategia global

  • Foto del escritor: Alfredo Arn
    Alfredo Arn
  • hace 19 horas
  • 4 Min. de lectura

La transición energética mundial ha puesto los reflectores sobre un puñado de metales sin los cuales no hay paneles solares, vehículos eléctricos ni inteligencia artificial. Cobre, litio, níquel, tierras raras; su demanda se dispara mientras las cadenas de suministro muestran peligrosas concentraciones. Sin embargo, como advierte un reciente informe del Foro Económico Mundial en colaboración con la Universidad de Columbia, el verdadero problema no es la escasez geológica ni la falta de dinero. Es que la mayoría de los proyectos mineros de minerales críticos sencillamente no son "invertibles"; sus plazos son demasiado largos, sus costos iniciales demasiado altos y sus riesgos regulatorios y sociales demasiado inciertos para el capital privado convencional. La conclusión es clara; se necesita una estrategia de "reducción de riesgos dirigida", no subsidios genéricos.

El informe sostiene que un error común es tratar a todos los minerales críticos como una misma categoría. Un proyecto de cobre maduro no enfrenta las mismas barreras que uno de litio en una jurisdicción emergente, ni estas se parecen a las de un proyecto de tierras raras en un mercado oligopólico. Para el cobre, el desafío suele estar en los permisos y la infraestructura; para el litio, en la volatilidad de precios y la falta de coberturas financieras; para el grafito, en los largos ciclos de calificación y la opacidad de las referencias de precio. La lección que extraen los autores, Tom Moerenhout y Sarah Moin, es simple pero poderosa; si el obstáculo difiere por mineral, la respuesta política también tiene que diferir. No hay soluciones únicas.

Frente a este diagnóstico, el artículo propone un enfoque secuencial y quirúrgico. Primero, identificar el cuello de botella real que impide la inversión: ¿es la falta de capital para exploración? ¿la incertidumbre sobre los ingresos futuros? ¿el riesgo político? ¿los retrasos en permisos? Luego, aplicar la herramienta de deshabilte el riesgo más adecuada y de menor costo posible; anclas de demanda, garantías de construcción, mecanismos de estabilización de precios o reformas estructurales. Y, crucialmente, secuenciar el apoyo para que el capital público actúe como catalizador del privado: primero apoyo en exploración, luego garantías en construcción, después estabilización de ingresos en la fase de maduración, y finalmente un retiro escalonado. El objetivo no es perpetuar el subsidio, sino desbloquear flujos masivos de financiamiento comercial.

Aquí es donde el caso de Perú resulta particularmente relevante. El país sudamericano es ya un actor minero consolidado, con reservas de ocho de los diecisiete metales considerados críticos y una cartera de 36 proyectos cupríferos que superan los 45,000 millones de dólares. Pero, como reconoce el propio Ministerio de Energía y Minas, el potencial geológico no basta si los inversionistas perciben riesgos. Por eso, el gobierno peruano ha comenzado a aplicar, casi como un laboratorio vivo, varias de las recetas del Foro Económico Mundial. Está impulsando una agenda de simplificación administrativa y digitalización de procedimientos para reducir la incertidumbre regulatoria; ha fortalecido las mesas de diálogo temprano con comunidades para gestionar los conflictos sociales de manera preventiva; y ha priorizado una cartera de 65 proyectos por más de 53,000 millones de dólares, articulando esfuerzos entre niveles de gobierno para brindar seguridad jurídica.

Los primeros resultados parecen respaldar el enfoque. En 2025, la inversión en exploración minera en Perú creció un 38,5% respecto al año anterior, alcanzando los 788 millones de dólares. En los dos primeros meses de 2026, la inversión minera total superó los 871 millones de dólares, un incremento del 35,7% interanual. Y lo más interesante es el origen de ese capital: el 38% proviene de Canadá, el 4% de Australia y el 41,5% es capital peruano, lo que muestra una base mixta y diversificada. Estos números sugieren que, cuando un país reduce los riesgos percibidos de manera creíble y focalizada, el capital privado responde. No se trata de magia, sino de aplicar el principio que el informe del Foro Económico Mundial resume con claridad; el público debe mitigar los riesgos para que el privado pueda invertir.

La discusión global sobre minerales críticos está virando del "cuánto" al "cómo". Ya no basta con alertar sobre brechas de suministro o exigir más inversión. Hace falta un diseño fino de políticas que reconozca la heterogeneidad de los minerales, las jurisdicciones y las etapas de los proyectos. Perú, con sus aciertos y sus desafíos persistentes (la conflictividad social no ha desaparecido), está mostrando que es posible transitar ese camino. La pregunta que queda abierta para otros países de la región, como Chile, Argentina o Bolivia, es si podrán replicar y adaptar este enfoque de "des-riesgo inteligente" (1) a sus propias realidades. Porque, como bien sentencia el artículo original, los minerales críticos necesitan capital, sí, pero antes necesitan un camino práctico para volverse invertibles. Y ese camino se construye un proyecto, un mineral y una barrera a la vez.




(1) "des-riesgo inteligente" (del inglés smart de-risking) es un concepto más estratégico y refinado que el simple "reducción de riesgos". No se trata de eliminar cualquier riesgo a cualquier costo, sino de aplicar las herramientas adecuadas, en el momento preciso, durante el tiempo justo, y solo donde sea estrictamente necesario, para que el dinero público tenga el máximo efecto catalizador sobre el privado.

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