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La IA no será para todos: los dispositivos baratos desaparecen y la tecnología se convierte en un lujo

  • Foto del escritor: Alfredo Arn
    Alfredo Arn
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

La inteligencia artificial prometía democratizar el conocimiento, pero está logrando exactamente lo contrario. A medida que los fabricantes de chips reorientan su producción hacia los centros de datos de IA, los dispositivos electrónicos de consumo —teléfonos, portátiles, televisores— se encarecen sin freno. La paradoja es cruel: la propia IA está matando a los dispositivos baratos, y en un futuro cercano, acceder a tecnología moderna será un privilegio reservado para quienes puedan pagarlo.

Hasta ahora, la industria tecnológica había logrado abaratar los dispositivos año tras año gracias a la economía de escala y la competencia. Ese ciclo se ha roto. Los fabricantes de memoria como Samsung y SK Hynix han descubierto que vender chips para servidores de IA deja márgenes hasta cinco veces mayores que fabricar RAM para móviles de gama baja. La consecuencia es obvia: están abandonando silenciosamente el mercado de consumo. Según Gartner, los portátiles nuevos de menos de 500 dólares desaparecerán por completo en 2028, no porque no haya demanda, sino porque ya no será rentable producirlos.

No se trata solo de precios más altos. Se trata de que la gama baja está siendo eliminada estructuralmente. Apple, Microsoft, Dell y Lenovo ya han subido sus precios entre 125 y 270 dólares por unidad. Los analistas de Counterpoint Research predicen que en 2026 volverán al mercado teléfonos con solo 4 GB de RAM, un estándar que se creía superado. Pero lo más grave es lo que viene: los fabricantes no están invirtiendo en abaratar la tecnología para el consumidor final, sino en maximizar beneficios con la IA empresarial. El ciudadano medio se quedará con dispositivos más caros, peores o directamente inexistentes en su rango de precio.

¿Y la IA? No será la salvadora. Los asistentes inteligentes, los procesadores con NPU integrada y las funciones de IA en el dispositivo requieren hardware más potente y, por tanto, más caro. La ironía es que para usar IA local necesitas un dispositivo que, precisamente por la crisis de los chips, cuesta cada vez más. Las funciones de IA generativa en móviles y ordenadores solo estarán disponibles en la gama alta. El resto de usuarios tendrán versiones limitadas, servicios en la nube de pago o directamente ninguna IA. La brecha digital no será solo de conexión, sino de capacidad de proceso.

El mercado reaccionará, pero no a favor de las mayorías. La única alternativa para los consumidores con menos recursos será el dispositivo reacondicionado o el mercado de segunda mano, donde circularán equipos de hace dos o tres generaciones. Mientras tanto, un segmento privilegiado de la población —el que pueda gastar más de 1.000 dólares en un móvil o 1.500 en un portátil— disfrutará de la última tecnología con IA integrada. El resto se conformará con lo que sobreviva. La tecnología, que se prometió universal, se está convirtiendo en un marcador de clase.

El mensaje final de los analistas es crudo: la era de los dispositivos baratos no volverá. La IA ha reconfigurado la industria de los semiconductores para siempre, y los fabricantes no tienen incentivos para volver atrás. En 2028, cuando los portátiles de 500 dólares sean un recuerdo, dos realidades coexistirán: los que puedan pagar la IA y los que queden excluidos de ella. La tecnología nunca fue igualitaria, pero esta vez la barrera no es el conocimiento: es el chip. Y los chips, ahora, son para pocos.

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