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Escudo de las Américas: ¿protección o concesión unilateral?

Foto del escritor: Alfredo Arn
Alfredo Arn
hace 2 días
3 min de lectura

El 10 de septiembre de 2026, el Perú dio un paso geopolítico decisivo al ingresar al "Escudo de las Américas" y aceptar el marco de Washington. Sin embargo, esta maniobra, conducida por la presidenta Keiko Fujimori y el canciller Carlos Espá, ha desatado una inmediata y justificada controversia. La ausencia de un equipo negociador visible y de una estrategia de política exterior económica claramente publicada ha generado serias alarmas sobre el costo real de esta adhesión para el interés nacional.

Esta preocupación fue magistralmente sintetizada en la columna de opinión "El cobre pesa, el arándano paga" del diario Expreso, la cual sostiene que el país asumió compromisos de alto nivel sin obtener contrapartidas comerciales tangibles. No hubo alivio arancelario, ni acuerdos de inversión significativos, ni compromisos concretos sobre minerales críticos. Mientras potencias como Estados Unidos y China actúan rigurosamente en defensa de sus propios intereses, la calidad y el resultado de nuestra negociación han quedado en entredicho.

El núcleo del problema radica en una dolorosa asimetría arancelaria. Desde julio, un arancel del 12.5% aplicado bajo la Sección 301 estadounidense, alegando trabajo forzoso, golpea directamente a los sectores que más empleo generan. Mientras el cobre, mineral de exportación masiva, permanece exento, los arándanos de La Libertad y los textiles de Gamarra pagan una factura impagable. Aunque Estados Unidos compra menos volumen total que China, es el mercado que más puestos de trabajo directos sostiene en el Perú debido a la naturaleza de sus importaciones.

El contraste con nuestros vecinos regionales hace que esta situación sea aún más difícil de justificar. Mientras Colombia negociaba con éxito la suspensión arancelaria y firmaba memorandos sobre minerales críticos, y Ecuador lograba un acuerdo comercial con financiamiento de seguridad, el Perú apenas obtuvo la promesa de un buque hospital que llegará en 2027. Este beneficio, aunque loable, no equivale a la moneda comercial que se necesita para compensar el daño a la agroexportación y la industria nacional.

Ante este escenario, la crítica ha trascendido el ámbito periodístico para instalarse con fuerza en el debate legislativo. El senador Carlos Caballero, del Partido del Buen Gobierno, ha presentado una serie de exigencias formales que reflejan el malestar nacional. Su intervención busca someter el acuerdo del Escudo de las Américas a un escrutinio riguroso, evitando que el país suscriba pactos a ciegas que comprometan su soberanía económica y productiva.

El pliego de demandas presentado por Caballero es contundente y específico. Ha solicitado la presentación del texto íntegro del acuerdo y todos sus anexos, junto con un informe constitucional motivado. Además, exige reglas expresas sobre el mando peruano en operaciones conjuntas para evitar la unilateralidad, así como salvaguardas claras sobre el manejo de datos y derechos, acompañadas de indicadores de resultados medibles que el Ejecutivo debe cumplir.

Un punto crucial de esta moción es la exigencia de una cláusula soberana de suspensión o retiro. Esta herramienta permitiría al Perú apartarse del pacto en el momento en que sus condiciones dejen de ajustarse al interés nacional. Caballero ha sido enfático en que el objetivo no es bloquear la cooperación con Washington, sino establecer una fiscalización periódica y constante, recordando que "cooperar no es obedecer y tener aliados no es tener tutores".

En conclusión, el Perú no tiene por qué elegir entre Washington y Pekín, pero sí debe elegir el interés nacional en cada decisión. Una alianza estratégica con Estados Unidos es vital, pero debe construirse sobre la reciprocidad y el respeto mutuo. Como segundo productor mundial de cobre, el país posee la palanca geopolítica necesaria para negociar como una sociedad aportante. Es momento de ordenar la casa, condicionar las concesiones a hitos verificables y asegurar que el trabajo peruano deje de pagar la factura de una geopolítica mal negociada.

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