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El Niño en Perú: Entender el fenómeno para estar preparados

Foto del escritor: Alfredo Arn
Alfredo Arn
hace 6 minutos
4 min de lectura

El Fenómeno de El Niño es uno de los eventos climáticos más estudiados del planeta, pero también uno de los más incomprendidos. Aunque su nombre evoca la imagen de un solo desastre, la realidad es mucho más compleja; existen diferentes tipos de El Niño, cada uno con orígenes, duraciones e impactos distintos sobre el territorio peruano. Comprender estas diferencias no es un ejercicio académico; es una herramienta de supervivencia para millones de personas que viven en las zonas más expuestas. Este artículo busca explicar, de manera clara y educativa, qué es El Niño, cómo se manifiesta en Perú y qué advertencias debemos tener presentes ante los escenarios que se avecinan.

El Fenómeno de El Niño se origina por cambios en los patrones de viento sobre el Pacífico ecuatorial, lo que altera la forma en que el océano distribuye el calor hacia otras partes del planeta. El nombre proviene de los pescadores peruanos, quienes observaron hace siglos que, alrededor de la Navidad, las aguas frente a la costa se calentaban inusualmente, trayendo consigo lluvias y la desaparición de especies marinas. Este calentamiento anómalo puede ocurrir cada dos a siete años, aunque no sigue un patrón regular, y sus efectos pueden sentirse en todo el mundo, desde América del Sur hasta Australia y Estados Unidos. En Perú, sin embargo, sus consecuencias suelen ser particularmente devastadoras.

La confusión más común radica en tratar a El Niño como un fenómeno único. La ciencia ha establecido una distinción fundamental entre dos manifestaciones. El Niño Costero se desarrolla en la región Niño 1+2, un área del océano Pacífico adyacente a las costas de Perú y Ecuador. Se caracteriza por un calentamiento rápido y localizado que tiene una implicancia directa sobre las lluvias torrenciales en la costa norte y central del país. Para ser calificado como tal, el Índice Costero El Niño (ICEN) debe exceder +0,4°C durante al menos tres meses consecutivos, y su magnitud puede clasificarse como débil, moderada, fuerte o extraordinaria. Por otro lado, el Niño Global o ENOS se desarrolla en la región Niño 3.4, en el Pacífico central, muy lejos de la costa sudamericana. Aunque puede generar alteraciones climáticas a escala planetaria, sus efectos directos sobre las lluvias costeras peruanas suelen ser menos intensos que los del Niño Costero.

La historia de El Niño en Perú es una sucesión de eventos que han dejado huellas profundas en la sociedad y la economía. Los registros históricos identifican episodios devastadores en años como 1578, 1728, 1791, 1828, 1877, 1891 y 1925-1926. Sin embargo, los eventos mejor documentados y con mayores impactos cuantificables ocurrieron en las últimas décadas del siglo XX y en lo que va del XXI. El Niño de 1982-1983 dejó pérdidas económicas de 3,283 millones de dólares, equivalentes al 11.6% del PBI de 1983, con 512 fallecidos y 1,267,730 personas afectadas. El evento de 1997-1998 causó daños por 3,500 millones de dólares (6.2% del PBI de 1998) y afectó a 23 departamentos, con desastres de gran magnitud en Piura, Tumbes, Ica, Chiclayo, Trujillo y Chimbote. Más recientemente, el Niño Costero de 2017 dejó 162 fallecidos y 1.2 millones de personas afectadas, además de dañar 50,297 viviendas y 76,000 hectáreas de cultivos.

La situación actual exige atención inmediata. Según el Comunicado Oficial ENFEN N° 14-2026, se mantiene el estado de "Alerta de El Niño Costero". En la región Niño 1+2, se prevé la continuación de El Niño Costero con una magnitud más probable entre fuerte y extraordinaria hasta el verano. En paralelo, para la región Niño 3.4 (Pacífico central), se prevé que El Niño se extienda hasta inicios de otoño de 2027, con magnitudes fuertes de agosto a septiembre y de fuerte a muy fuerte entre octubre y febrero de 2027. Esto significa que ambos fenómenos podrían coexistir durante varios meses, intensificando la anomalía térmica y abarcando una mayor extensión del océano. Para el trimestre agosto-octubre de 2026, se prevé la continuidad de temperaturas del aire muy por encima de lo normal en toda la costa peruana.

Los impactos económicos ya se están sintiendo. El sector pesquero ha sufrido una contracción del 27.4%, principalmente por la interrupción de la primera temporada de anchoveta, que solo alcanzó capturas de 0.5 millones de toneladas frente a una cuota de 1.9 millones. El sector agropecuario también registra una caída del 1.2%, y el calentamiento del mar está modificando la distribución de especies marinas: la anchoveta, asociada a aguas frías, se desplaza hacia zonas más profundas o migra hacia el sur, mientras que especies de aguas cálidas como el bonito, jurel y túnidos aparecen con mayor frecuencia frente a las costas peruanas. Las estimaciones oficiales advierten que El Niño podría costar hasta un punto de crecimiento del PBI este año, con escenarios de recesión focalizada en algunas regiones del país.

Ante este panorama, las advertencias y recomendaciones son claras. El ENFEN recomienda a los tomadores de decisiones adoptar medidas de reducción del riesgo de desastres y acciones de preparación para la respuesta ante peligros inminentes, emergencias o desastres. Se sugiere dar seguimiento constante a los avisos meteorológicos y pronósticos estacionales para las acciones correspondientes. En el ámbito comunitario, las autoridades aconsejan tres medidas básicas: tener un plan familiar y mochila de emergencia, elaborar un mapa comunitario y organización vecinal, y participar activamente en simulacros multipeligro. "La primera línea de protección empieza en el hogar y en la comunidad". Para las instituciones educativas, se recomienda procurar la continuidad de las clases sin comprometer la seguridad de docentes y estudiantes, evitar usar escuelas como albergues y disponer de aulas temporales.

El conocimiento es la mejor herramienta de prevención. Entender que El Niño Costero y El Niño Global son fenómenos distintos, que sus impactos se concentran en sectores específicos como la pesca y la agricultura, y que existen alertas oficiales actualizadas, permite a la población y a las autoridades actuar con anticipación. La historia nos ha enseñado que los eventos extraordinarios son recurrentes y que su costo humano y económico es enorme. Sin embargo, también nos ha mostrado que la preparación y la resiliencia pueden marcar la diferencia. Mantenerse informado a través de fuentes oficiales como el ENFEN y el SENAMHI, y adoptar las medidas preventivas recomendadas, no es una opción; es una responsabilidad compartida para proteger vidas y medios de subsistencia frente a la fuerza de la naturaleza.

 
 
 

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