El Niño 2026-2027: un fenómeno de alcance histórico que golpea a todo el continente americano

El fenómeno de El Niño de 2026-2027 se perfila como uno de los más intensos jamás registrados, con una probabilidad superior al 90% de alcanzar una intensidad "muy fuerte" durante el otoño e invierno boreales. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), existe un 75% de probabilidad de que este evento supere la magnitud de todos los episodios observados desde 1950. Las aguas del Pacífico tropical oriental han registrado anomalías de temperatura de hasta 5 grados Celsius por encima del promedio, y se espera que la intensidad continúe fortaleciéndose hacia finales de año. Este calentamiento oceánico altera la circulación atmosférica global, modificando los patrones de lluvias y temperaturas a miles de kilómetros de distancia, con consecuencias directas sobre millones de personas en todo el continente americano.
En América Latina y el Caribe, los efectos de El Niño se manifiestan de manera desigual pero igualmente severa. Mientras que partes de Centroamérica, el Caribe y el norte de Sudamérica enfrentan déficits de precipitaciones y estrés hídrico que afectan la producción agrícola y el acceso al agua, los Andes y la costa pacífica de Sudamérica registran lluvias por encima de lo normal, con riesgos elevados de inundaciones y deslizamientos. Las previsiones indican menos lluvias y temperaturas más altas en Centroamérica, el Caribe y buena parte del norte de Sudamérica, mientras que sectores de la costa pacífica sudamericana podrían experimentar precipitaciones excesivas. Esta dualidad climática —sequías extremas en unas regiones e inundaciones devastadoras en otras— convierte a El Niño en una amenaza compleja que requiere respuestas diferenciadas según el territorio.
El Corredor Seco Centroamericano es una de las zonas más golpeadas por este fenómeno. En Guatemala, Honduras y El Salvador, la sequía ya ha provocado pérdidas de cultivos que en algunos casos alcanzan entre el 75% y el 100% de la cosecha de maíz. Las autoridades han activado acciones anticipatorias de sequía con financiamiento liberado a principios de 2026 debido a los pronósticos de bajas precipitaciones. La escasez de alimentos empuja a los campesinos a vender su ganado antes de que muera, agravando la inseguridad alimentaria en una región donde millones de personas ya enfrentaban condiciones críticas. La sequía de la temporada Primera de 2026 provocó pérdidas reportadas de más de 8,700 hectáreas de maíz y 3,080 hectáreas de frijol rojo, lo que evidencia la magnitud del impacto sobre la seguridad alimentaria regional.
Chile también está sintiendo los efectos de El Niño con particular intensidad. A principios de octubre de 2026, un inusual aluvión inundó las calles de Las Condes, en el noreste de Santiago, dejando al menos seis heridos, entre ellos un bebé de un año con fractura, además de varias personas aisladas. El torrente, provocado por lluvias intensas, arrastró decenas de vehículos y dejó calles cubiertas de lodo, piedras y escombros, mientras los bomberos rescataban a personas atrapadas en vehículos, viviendas y una universidad que quedó aislada. La Región Metropolitana de Santiago soportó las mayores precipitaciones registradas en el país desde el martes de esa semana. La alcaldesa de Las Condes, Catalina San Martín, advirtió que el fenómeno responde a precipitaciones atípicas vinculadas al impacto de El Niño, y señaló que "sabemos que El Niño viene fuerte". La Dirección Meteorológica de Chile proyecta que El Niño se mantendrá al menos hasta el otoño de 2027, lo que augura una temporada prolongada de eventos climáticos extremos.
Estados Unidos no escapa a los efectos de este Super El Niño, que está remodelando los patrones climáticos en todo el país. California se prepara para lo que podría ser una temporada de tormentas histórica: el gobernador Gavin Newsom declaró el estado de emergencia el 21 de septiembre de 2026 y ha desplegado 4.4 millones de sacos de arena, más de 52,000 pies de barreras portátiles y 400,000 toneladas de roca para reparaciones de emergencia en diques. Las "ondas de Kelvin" han elevado el nivel del mar, y los huracanes del Pacífico oriental, alimentados por aguas cálidas, han enviado fuertes oleajes a la costa californiana, causando inundaciones costeras que los científicos atribuyen a El Niño. Se espera una alta probabilidad (80-100%) de olas de calor marinas frente a la costa de California hasta finales de 2026, lo que podría estresar los ecosistemas marinos y afectar a las pesquerías. Mientras tanto, el norte y noreste del país experimentarán condiciones más cálidas y secas de lo habitual, con menos nieve en algunas zonas, creando un contraste climático dramático dentro del mismo territorio.
El impacto sobre la niñez es una de las consecuencias más preocupantes de este fenómeno. Según UNICEF, más de 347 millones de niños y niñas en casi 100 países y territorios vivirán entre octubre y diciembre de 2026 en zonas con condiciones inusualmente secas o húmedas asociadas a El Niño. De ellos, aproximadamente 41 millones se encuentran en América Latina y el Caribe, una de las regiones con mayor número de menores expuestos. "Para los niños y niñas, El Niño es mucho más que un fenómeno meteorológico. Puede suponer un aumento de los desplazamientos, la malnutrición, la escasez de agua y los brotes de enfermedades. Los niños y niñas también corren el riesgo de que se cierren las escuelas, mientras que las familias podrían enfrentarse a mayores dificultades económicas", advirtió Catherine Russell, Directora Ejecutiva de UNICEF. En Chile, las inundaciones pueden dañar infraestructura crítica como escuelas y servicios de salud, mientras que en Centroamérica, las niñas y adolescentes cargan con las peores consecuencias de la sequía, viendo interrumpida su educación y enfrentando mayores riesgos de desnutrición.
La preparación y la acción anticipatoria se han convertido en herramientas esenciales para mitigar los impactos de este fenómeno. La Organización Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja ha advertido que, aunque cada evento de El Niño es único, los registros históricos indican que su inicio conlleva un mayor riesgo de sequías severas en Centroamérica y lluvias torrenciales en el Cono Sur, por lo que la acción proactiva y la preparación para desastres son las mejores herramientas para afrontarlo. En Estados Unidos, 41 legisladores han instado a la NOAA a detallar cómo se está preparando para este evento potencialmente histórico, advirtiendo que las consecuencias podrían incluir clima extremo, fallos en las cosechas, inundaciones, sequías y pérdidas económicas significativas. El Programa Mundial de Alimentos estima que este Super El Niño podría empujar a al menos 49 millones de personas a la inseguridad alimentaria aguda para finales de 2027. La anticipación, la coordinación entre gobiernos y organizaciones humanitarias, y la inversión en sistemas de alerta temprana son medidas cruciales para proteger a las comunidades más vulnerables.
En Perú y Ecuador, El Niño se manifiesta con una ferocidad particular, generando emergencias humanitarias que golpean con fuerza a la niñez. En Perú, el fenómeno de El Niño Costero ha desencadenado lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos que, hasta marzo de 2026, dejaron 92 personas fallecidas y más de 23,000 desplazados. La situación es crítica para la infancia: más de 3 millones de niñas, niños y adolescentes viven en zonas de riesgo alto o muy alto, concentrándose el 62% en regiones como La Libertad, Lima, Piura, Lambayeque e Ica. Además, 13,093 locales educativos y 1,917 establecimientos de salud se encuentran en áreas de riesgo, lo que amenaza la continuidad de servicios esenciales como la educación, la vacunación y los controles de crecimiento. En Ecuador, la situación no es menos grave. El fenómeno se mantiene activo y fortalecido, con lluvias por encima de lo normal que han provocado inundaciones y desbordamientos en provincias como Esmeraldas, Manabí y Guayas. Hasta octubre de 2026, se reportaron más de 16,000 personas afectadas y se registraron 248 eventos adversos, incluyendo daños en viviendas, cultivos y vías de comunicación. Las afectaciones a la producción agrícola y la pérdida de animales amenazan la seguridad alimentaria de las familias rurales, un factor que impacta directamente en la nutrición y el bienestar de los niños y niñas en las zonas más vulnerables. En ambos países, la emergencia climática no solo pone en riesgo la vida y la salud de los menores, sino que también interrumpe su educación y profundiza las condiciones de pobreza y desigualdad preexistentes.
El Super El Niño de 2026-2027 representa un desafío sin precedentes para todo el continente americano. Desde las sequías que asolan el Corredor Seco Centroamericano hasta los aluviones que golpean Santiago de Chile, pasando por las inundaciones costeras en California y las tormentas severas en el sur de Estados Unidos, este fenómeno climático está redefiniendo los patrones meteorológicos y poniendo en riesgo la vida, la salud y el bienestar de millones de personas. La niñez, en particular, enfrenta amenazas directas que van desde la desnutrición y el desplazamiento hasta la interrupción de su educación. La magnitud de este evento exige respuestas coordinadas, inversión en preparación y un enfoque centrado en la protección de los más vulnerables. El Niño no es solo un fenómeno meteorológico: es una crisis humanitaria en ciernes que requiere atención urgente y sostenida.



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