El desafío de El Niño 2026-2027: proyecciones, impactos y la carrera contra el tiempo en Perú
- Alfredo Arn
- hace 11 minutos
- 5 min de lectura

El mar frente a las costas de Perú se está calentando a un ritmo que ha encendido todas las alarmas. La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) ha elevado la probabilidad de que el evento alcance una magnitud extraordinaria entre septiembre de 2026 y enero de 2027 a un 62 %. Las anomalías térmicas en la superficie del mar ya superan los tres grados Celsius, lo que coloca al fenómeno en una categoría que los especialistas califican como extraordinaria. El vocero del Enfen, ha advertido que, de mantenerse esta tendencia, la temperatura promedio del mar podría situarse 3.5 °C por encima de lo normal entre septiembre y enero. No se trata de una previsión lejana; el calentamiento ya está ocurriendo y sus efectos se sentirán con toda su fuerza en los próximos meses.
Las proyecciones oficiales indican que El Niño Costero se desarrollará desde junio de 2026 hasta marzo de 2027, con su punto más crítico entre noviembre y diciembre. Para el verano 2026-2027, se proyecta una magnitud fuerte con un 44 % de probabilidad en la región Niño 3.4 (Pacífico ecuatorial central). Sin embargo, lo que más preocupa a las autoridades es la región Niño 1+2, frente a la costa norte de Perú y Ecuador, donde el calentamiento es más intenso y se estima que podría alcanzar una magnitud extraordinaria. El calentamiento, advierte el Enfen, podría mantenerse hasta el verano de 2027, prolongando el riesgo de eventos climáticos extremos.
El impacto en el territorio peruano será profundo y, paradójicamente, doble. Por un lado, las lluvias más intensas en la costa norte comenzarán a sentirse a partir de noviembre, con su máxima expresión durante los meses de febrero y marzo de 2027. Piura, Tumbes, Lambayeque y otras zonas del norte figuran entre las áreas con mayor exposición a inundaciones y desbordes de ríos. El incremento del caudal de los ríos, la activación de quebradas y la saturación de humedad en el terreno multiplican el riesgo de huaicos y aluviones. Lima y el Callao tampoco estarán exentos: las proyecciones contemplan registros de calor extremo y lluvias torrenciales durante la primavera y el verano.
Por otro lado, el sur del país enfrentará un escenario completamente opuesto. El Enfen ha señalado que otro efecto importante de El Niño Costero extraordinario, asociado a los efectos en el Pacífico central, será el déficit de lluvias en la sierra sur, el altiplano y parte de la Amazonía. Se trata de condiciones de estrés hídrico que afectarán a regiones como Tacna, Moquegua, Puno y Cusco. En Junín, por ejemplo, más de un millón de personas están expuestas tanto a lluvias intensas como a una severa sequía en las zonas altoandinas. El país se enfrenta, así, a una doble amenaza; inundaciones en el norte y sequía en el sur.
El sector pesquero, uno de los pilares de la economía peruana, ya está sintiendo el impacto del calentamiento marino. La anchoveta, principal recurso pesquero, ha migrado hacia el sur y se encuentra a mayor profundidad, lo que ha provocado una caída drástica en los desembarques. El Imarpe ha alertado que esta situación se mantendrá mientras dure el calentamiento. En paralelo, especies asociadas a aguas cálidas y oceánicas —como túnidos, pez sierra, perico y bonito— se están acercando a las costas, ofreciendo alternativas para los pescadores, aunque requieren aparejos de pesca diferentes. La adaptación del sector será crucial para mitigar las pérdidas económicas.
Ante esta amenaza inminente, el Gobierno peruano ha desplegado un paquete de medidas sin precedentes. El pasado 1 de septiembre, el Poder Ejecutivo declaró el estado de emergencia en 893 distritos pertenecientes a 23 de las 25 regiones del país. La medida, oficializada mediante el Decreto Supremo 124-2026-PCM, rige por 60 días calendario y busca reducir el "muy alto riesgo" por peligro inminente ante las intensas precipitaciones asociadas al fenómeno. Durante este periodo, los gobiernos regionales y locales ejecutarán medidas de excepción con la coordinación técnica del Indeci y la participación de once ministerios.
Para acelerar las obras de prevención, el Gobierno ha aprobado el Decreto de Urgencia N° 010-2026, que amplía el mecanismo de Obras por Impuestos (OxI) y permite la ejecución de Servicios por Impuestos con procedimientos y plazos simplificados. La norma reduce drásticamente los tiempos burocráticos: la fase de priorización pasa de 50 a menos de 10 días hábiles, y la de contratación, de 45 a 18 días hábiles. Las entidades públicas podrán contratar directamente a empresas privadas para intervenciones vinculadas a la gestión del riesgo de desastres y la protección de infraestructura estratégica. El MEF ha enfatizado que estas disposiciones permiten actuar antes del daño, evitando perjuicios de difícil o imposible reparación y reduciendo los costos fiscales de la reconstrucción posterior.
En el terreno, las acciones se concentran en los puntos más críticos. La Autoridad Nacional del Agua ha intensificado los trabajos de descolmatación de ríos, con especial énfasis en el río Piura, donde se realizan turnos dobles. El Ministerio de Transportes y Comunicaciones, por su parte, ha reforzado el mantenimiento de puentes de la Red Vial Nacional para garantizar la conectividad vial durante la temporada de lluvias. En Lima, Provías Nacional lidera el enrocado de bases y la limpieza de puentes en Chaclacayo y Chosica. El Ministerio de Cultura ha destinado S/ 4 millones para proteger 536 puntos críticos del patrimonio histórico, como Chan Chan y Kuélap. Incluso el sector científico se ha movilizado; el Concytec financia proyectos para mejorar el monitoreo, pronóstico y sistemas de alerta temprana.
A pesar de este despliegue, persisten serias preocupaciones sobre la capacidad de ejecución. La Contraloría General de la República ha instalado un equipo técnico para monitorear el avance de los fondos, ante el temor de que los gobiernos regionales y locales no logren ejecutar los recursos asignados a tiempo. La experiencia de fenómenos anteriores ha demostrado que la planificación no es suficiente si no se traduce en acciones concretas sobre el terreno. El propio decreto de emergencia reconoce que la capacidad de respuesta de los gobiernos regionales ha sido "sobrepasada". El margen temporal que ofrecen los pronósticos —las lluvias de mayor intensidad no llegarían hasta enero de 2027— es una ventana que no se puede desperdiciar.
En este contexto, la prevención se ha convertido en la palabra de orden. El Enfen ha recomendado a las autoridades adoptar medidas de preparación para la respuesta ante la próxima temporada de lluvias, considerando el periodo entre septiembre de 2026 y abril de 2027. El Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social ha puesto en marcha el programa "Protección en Acción", que busca llegar "casa por casa" a las familias en zonas de riesgo alto y muy alto para informar sobre rutas de evacuación y reducir la vulnerabilidad en los hogares. La preparación comunitaria, junto con la infraestructura, es un pilar fundamental de la estrategia.
El Perú se enfrenta a un evento climático de magnitud histórica, comparable en intensidad a los devastadores episodios de 1997 y 1982-1983. Las proyecciones son alarmantes, los impactos serán severos y los recursos movilizados son cuantiosos. Sin embargo, el verdadero desafío no está en la planificación ni en el presupuesto, sino en la capacidad de ejecutar las obras y medidas preventivas en el tiempo que queda. La ventana de oportunidad está abierta, pero se cierra rápidamente. Como ha señalado el Enfen, un evento de larga duración puede provocar iguales o incluso más daños que uno de gran magnitud pero de menor duración. La lección es clara; en un país tan expuesto como el Perú, la anticipación sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir impactos sobre la población y las actividades económicas. El tiempo apremia.



Comentarios