Crisis de combustibles en Perú: Entre la geopolítica global y la búsqueda de soluciones estructurales

El mercado de combustibles en Perú atraviesa uno de sus periodos más críticos en los últimos años, con precios que han alcanzado niveles récord durante el 2026. El diésel B5 UV, combustible esencial para el transporte de carga y la cadena de abastecimiento de alimentos, supera los S/ 24 por galón en el mercado mayorista, representando un incremento superior al 100% respecto a los valores registrados en febrero de este mismo año. Esta volatilidad no solo impacta directamente el bolsillo de los conductores, sino que genera un efecto dominó en toda la economía nacional, encareciendo el costo de los productos de primera necesidad y generando tensiones sociales con paralizaciones de gremios de transportistas en diversas regiones del país.
Los precios al público en las estaciones de servicio de Lima Metropolitana reflejan esta crisis con una amplia dispersión que va desde los S/ 21.42 hasta los S/ 27.99 por galón de diésel, mientras que el gasohol regular oscila entre S/ 17.58 y S/ 25.89, y el premium entre S/ 18.75 y S/ 26.99. Esta variación significativa entre grifos de un mismo distrito evidencia las distorsiones del mercado y la presión que enfrentan los consumidores, quienes deben recurrir a herramientas como la plataforma "Facilito" de Osinergmin para comparar precios y optimizar su gasto en un contexto de incertidumbre constante.
La raíz principal de esta crisis se encuentra en factores geopolíticos internacionales que han desestabilizado los mercados energéticos globales. Los conflictos bélicos en Medio Oriente, particularmente las tensiones entre Irán, Israel y Estados Unidos, junto con los ataques de Ucrania a refinerías rusas, han reducido la capacidad mundial de refinación en aproximadamente 3.6 millones de barriles diarios. Esta contracción de la oferta de combustibles refinados, sumada a las amenazas contra el Estrecho de Ormuz —por donde transita el 20% del petróleo mundial—, ha elevado las primas de riesgo y los costos de fletes internacionales, impactando directamente a países importadores como Perú.
A esta vulnerabilidad externa se suma una debilidad estructural interna: la limitada capacidad operativa y financiera de Petroperú para actuar como estabilizador del mercado. La estatal, que representa alrededor del 30% del abastecimiento nacional de diésel, ha enfrentado dificultades para mantener sus refinerías operando a plena capacidad, con la Refinería de Talara funcionando en algunos periodos apenas al 50% de su capacidad instalada. Esta situación obliga al país a importar más combustible a precios spot más elevados, amplificando el impacto de las fluctuaciones internacionales y generando episodios de desabastecimiento, especialmente en regiones alejadas de la capital.
Frente a este escenario, el Ministerio de Energía y Minas (MINEM) ha impulsado junto al sector privado proyectos para ampliar las reservas estratégicas de combustibles del país, que actualmente solo garantizan aproximadamente dos semanas de autonomía de suministro. La propuesta técnica contempla incrementar estas reservas hasta cubrir 30 días de consumo nacional, lo que permitiría una respuesta más eficiente ante emergencias logísticas, fenómenos naturales o interrupciones del suministro, evitando el desabastecimiento y el pánico comprador que suelen agravar las crisis energéticas.
Paralelamente, la masificación del gas natural se posiciona como la alternativa estructural más sólida para reducir la dependencia de combustibles líquidos importados. El MINEM ha planteado la implementación de una tarifa única de gas natural para acelerar su masificación en 15 ciudades del centro y sur del país, promoviendo la conversión del transporte público, la minería y la industria al Gas Natural Vehicular (GNV) o Gas Natural Licuado (GNL). Esta estrategia no solo ofrece precios más estables al estar vinculada a reservas nacionales de Camisea, sino que representa una oportunidad para diversificar la matriz energética y proteger a los consumidores de la volatilidad del mercado petrolero internacional.
Mientras estas medidas estructurales maduran, el Gobierno ha reactivado el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) como mecanismo de corto plazo para amortiguar el impacto de las fluctuaciones internacionales, y ha anunciado inyecciones de capital de trabajo por más de S/ 500 millones para saneamiento de Petroperú. Sin embargo, los especialistas advierten que estas medidas paliativas no solucionan la exposición crónica del país a los shocks externos, y que solo una combinación de reservas estratégicas robustas, diversificación energética y una Petroperú reorganizada y eficiente permitirá al Perú enfrentar con mayor resiliencia las crisis energéticas del futuro.



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