Corea del Sur gana terreno en América Latina: El plan peruano de carreteras inteligentes que desafía la hegemonía china en infraestructura
- Alfredo Arn
- hace 35 minutos
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En noviembre de 2024, China consolidó su presencia en América Latina con la inauguración del megapuerto de Chancay en Perú, una infraestructura de 3,600 millones de dólares operada por Cosco Shipping Ports que reduce el tiempo de transporte hacia Asia entre 10 y 12 días. Sin embargo, apenas siete meses después, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) del Perú aprobó un plan que introduce un actor tecnológico alternativo en la región: el Plan Maestro de Sistemas Inteligentes de Transporte (ITS), desarrollado en alianza estratégica con Corea del Sur. Este proyecto no solo modernizará 1,560 kilómetros del corredor Trujillo–Arequipa, sino que representa una apuesta geopolítica por diversificar los socios estratégicos del país andino, desafiando la creciente hegemonía china en la infraestructura latinoamericana.
La cooperación con Corea del Sur no es casual. Desde 2011, ambos países mantienen un Tratado de Libre Comercio que evolucionó hacia una "Asociación Estratégica Integral" en 2012. Pero más allá del comercio, Seúl ha desplegado una sofisticada diplomacia tecnológica en la región. En 2022, el gobierno coreano presentó su Plan Estratégico Nacional de Fortalecimiento Tecnológico, que seleccionó doce tecnologías estratégicas nacionales —incluyendo tecnología del transporte, inteligencia artificial y ciberseguridad— con el objetivo de consolidar al país como uno de los cinco líderes globales en ciencia y tecnología, junto a Estados Unidos, China, Japón y Alemania. El plan peruano de ITS se enmarca precisamente en esta estrategia de proyección tecnológica surcoreana hacia América Latina.
La elección de Corea del Sur como aliado en infraestructura vial inteligente responde a una necesidad peruana de soberanía tecnológica frente a la dependencia creciente de China. El puerto de Chancay, aunque estratégico para el comercio, ha generado tensiones geopolíticas: Estados Unidos advirtió que el "dinero barato chino cuesta soberanía" y cuestionó que una sentencia judicial excluyera al puerto de la supervisión integral del organismo regulador Ositrán. En este contexto, la alianza con Corea ofrece al Perú un modelo de cooperación diferente: transferencia de conocimiento sin condiciones de control estatal, asistencia técnica directa y fortalecimiento de capacidades locales, lejos de las controversias de soberanía que acompañan a las inversiones chinas.
Para Corea del Sur, el plan peruano es una oportunidad de oro para expandir su diplomacia tecnológica en una región donde tradicionalmente ha estado eclipsada por China. El país asiático carece de recursos naturales estratégicos como cobre, litio y níquel —esenciales para sus industrias de semiconductores y vehículos eléctricos— y ve en América Latina un imperativo estratégico para asegurar su cadena de suministro. Pero más allá de la extracción de recursos, Corea busca posicionarse como exportador de tecnología de punta. A través de la Korea Expressway Corporation (KEC) y el Ministerio de Tierras, Infraestructura y Transporte (MOLIT), Seúl transfiere su modelo de gestión vial inteligente, reconocido internacionalmente, creando nuevos mercados para sus empresas tecnológicas y fortaleciendo lazos políticos mediante cooperación no condicionada.
El contraste entre los modelos chino y coreano es revelador. Mientras China ha invertido masivamente en infraestructura física —puertos, mineras, líneas de transmisión— con una lógica de control y deuda estratégica, Corea apuesta por la infraestructura digital y el conocimiento. El plan ITS peruano incluye 22 servicios tecnológicos priorizados, desde gestión del tránsito y monitoreo en tiempo real hasta sistemas de pago electrónico y atención de emergencias viales. La cooperación inicial supera los 8 millones de dólares, con un proyecto piloto de 145 kilómetros en Lima–Callao–Chancay que cuenta con asistencia técnica coreana directa. Es una inversión modesta en términos financieros, pero enorme en capital tecnológico y diplomático.
La importancia geopolítica de esta alianza trasciende lo bilateral. Ambos países comparten membresía en APEC y coordinan agendas en este foro. La cooperación en ITS fortalece la posición peruana para postular a la OCDE —donde Corea es miembro pleno y referente— y consolida a Corea como candidato a miembro asociado de la Alianza del Pacífico. El embajador de Corea en Perú, Choi Jong-uk, ha destacado explícitamente que la cooperación trasciende lo comercial para integrarse en pilares de soberanía tecnológica, abarcando defensa, infraestructura y tecnología. En un mundo donde la competencia tecnológica es el nuevo campo de batalla geopolítico, el Perú se posiciona astutamente entre dos gigantes asiáticos.
Económicamente, el plan ITS articula directamente con el ecosistema de megaproyectos que China también financia. El corredor Lima–Callao–Chancay conecta con el puerto de Chancay, el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez y los ferrocarriles Lima–Ica y Lima–Barranca, creando un corredor intermodal donde la tecnología coreana optimizará la infraestructura física china. Esta simbiosis involuntaria —infraestructura china, inteligencia coreana— podría definir el modelo de desarrollo peruano del siglo XXI. El viceministro de Transportes, Juan del Carmen Haro Muñoz, ha declarado que el objetivo es convertir al Perú en un "hub logístico de América Latina", y la reducción de costos logísticos —que hoy representan el 2% del PBI solo en Lima— depende críticamente de esta modernización tecnológica.
El Plan Maestro de Sistemas Inteligentes de Transporte es, en definitiva, mucho más que un proyecto de modernización vial. Es una declaración de independencia tecnológica estratégica en un país que ha visto cómo la infraestructura se convertía en campo de disputa entre potencias globales. Al elegir a Corea del Sur como aliado en la carretera del futuro, el Perú no solo diversifica sus socios y reduce riesgos geopolíticos, sino que envía un mensaje claro a la región; en la nueva carrera por la influencia en América Latina, la tecnología inteligente puede ser tan determinante como los megapuertos, y quien la controla, controla el ritmo del desarrollo. Con 13 servicios priorizados para 2035 y una expansión proyectada a 10,000 kilómetros, el Perú apuesta a que las autopistas del siglo XXI se construyen con sensores, no solo con cemento —y que en esa carrera, tener aliados tecnológicos diversos es la mejor garantía de soberanía.



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