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Redes neutras en Perú: Entre la promesa y la realidad

  • Foto del escritor: Alfredo Arn
    Alfredo Arn
  • 9 jun
  • 4 min de lectura

El concepto de redes neutras en Perú ha ganado relevancia en los últimos años como una estrategia clave para expandir la conectividad y optimizar la inversión en infraestructura telecomunicaciones. En un país donde la brecha digital entre zonas urbanas y rurales sigue siendo significativa, este modelo —que permite que múltiples operadores compartan la misma infraestructura física bajo condiciones equitativas— se presenta como una alternativa viable para acelerar el despliegue de fibra óptica y redes móviles sin duplicar costos. Sin embargo, la trayectoria reciente muestra que el camino hacia la consolidación de estas redes está lejos de ser lineal, enfrentando desafíos regulatorios, comerciales y de mercado que han frenado algunos de los proyectos más ambiciosos.

El hito más destacado en esta materia fue el acuerdo anunciado en julio de 2023 entre Telefónica, Entel y el fondo de inversión KKR para crear ON*NET Fibra Perú, la primera red mayorista de fibra óptica de acceso abierto del país. La operación contemplaba que KKR adquiriera el 54% de Pangea —la filial de fibra óptica de Telefónica—, mientras Entel tomaría un 10% y Telefónica Hispam retendría el 36% restante. El objetivo era integrar las redes de ambos operadores en una empresa independiente, expandir la cobertura a más de 5.2 millones de hogares para 2026 e inyectar US$ 200 millones adicionales para acelerar el despliegue. Este proyecto, que recibió la aprobación del regulador de competencia en septiembre de 2024, simbolizaba la entrada de Perú al club de países latinoamericanos que apuestan por la infracompartida como motor de digitalización.

La expectativa generada por ONNET Fibra Perú se vino abajo en noviembre de 2024, cuando las partes anunciaron la ruptura del acuerdo debido a incumplimientos en condiciones de cierre vinculados a una transacción paralela entre KKR y Telefónica Hispam. Actualmente, las empresas mantienen negociaciones para definir los términos de la terminación formal, mientras evalúan los impactos financieros y estratégicos de esta cancelación. Este revés deja a Perú en una posición incómoda respecto a vecinos como Chile, donde OnNet Fibra ya opera con 4 millones de hogares pasados y 38 mil kilómetros de fibra desplegados, o Brasil, donde V.tal y FiBrasil consolidan modelos de red neutral a gran escala. La fallida operación evidencia que, incluso con el respaldo de capitales internacionales y la aprobación regulatoria, la articulación de intereses competitivos entre operadores legacy sigue siendo un obstáculo complejo de superar.

Paralelamente, el Estado peruano ha impulsado iniciativas de red neutral a través del proyecto Internet Para Todos (IPT), que opera principalmente en zonas rurales y de difícil acceso geográfico o económico. Este modelo permite que múltiples operadores móviles ofrezcan servicio utilizando infraestructura compartida, evitando la duplicación de inversiones en áreas donde la rentabilidad individual es inviable. Si bien IPT representa un avance en la democratización del acceso, su alcance y capacidad de escalamiento son limitados comparados con los proyectos privados de fibra óptica al hogar. La dualidad entre la red neutral estatal para zonas rurales y la ausencia de una red neutral privada robusta para zonas urbanas y suburbanas configura un panorama fragmentado que no logra aprovechar sinergias a escala nacional.

En el ámbito regulatorio, el Organismo Supervisor de Inversión Privada en Telecomunicaciones (OSIPTEL) ha delineado una agenda ambiciosa para el periodo 2026-2027 que incluye modificaciones directamente relevantes para el ecosistema de redes neutras. Entre las prioridades destacan la actualización del Reglamento de Neutralidad de Red —vigente desde 2016— para adaptarlo a los cambios del ecosistema digital y los nuevos enfoques regulatorios internacionales; la revisión de la regulación asimétrica en internet fijo; y el análisis de las condiciones de competencia en el mercado de arrendamiento de circuitos. Estas iniciativas podrían sentar las bases para un marco más favorable a la infraestructura compartida, aunque su implementación efectiva dependerá de la velocidad con la que el regulador logre alinearse con la dinámica del mercado.

Un elemento innovador en la agenda del OSIPTEL es la definición de un Marco Normativo para el Sandbox Regulatorio, que establecerá directrices para la experimentación de proyectos piloto con flexibilidad en obligaciones regulatorias. Este esquema, orientado a facilitar la creación de proyectos innovadores y pruebas técnicas de emprendimientos en condiciones reales de mercado, podría catalizar el desarrollo de modelos de red neutral que aún no existen en el país. La experiencia de otros mercados latinoamericanos muestra que la combinación de capital privado, redes ya desplegadas y marcos regulatorios ágiles —como en el caso de UFINET en 17 países o Gold Data en Panamá— permite escalar rápidamente la cobertura sin sacrificar la competencia.

En el horizonte del 5G, las redes neutras adquieren una dimensión adicional; las Neutral Host Networks (NHN) para infraestructura RAN. La densificación de redes móviles con small cells y el backhaul de fibra óptica requerido implican costos elevados que dificultan el despliegue individualizado por operador. En este contexto, un tercero independiente que invierta en infraestructura RAN y proporcione acceso mayorista a operadores móviles podría acelerar significativamente la disponibilidad de 5G en Perú. Sin embargo, este modelo aún no ha despegado en el país, donde los operadores principales —Telefónica, Entel y Claro— mantienen estrategias de despliegue propietario, priorizando el control sobre la infraestructura crítica frente a la eficiencia compartida.

Mirando hacia el futuro, la consolidación de las redes neutras en Perú dependerá de tres factores interrelacionados: la resolución exitosa de los conflictos comerciales que frustraron la operación ON*NET Fibra, la capacidad del OSIPTEL para implementar una regulación que incentive la infracompartida sin desincentivar la inversión privada, y la articulación de alianzas público-privadas que vayan más allá del alcance limitado de Internet Para Todos. La experiencia regional demuestra que las redes neutras no son una panacea, pero sí una herramienta estratégica para hacer sostenible la conectividad universal. Para Perú, el desafío inmediato es superar la desconfianza entre competidores y construir un marco de confianza regulatorio que permita que el capital privado —tanto local como internacional— fluya hacia modelos de infraestructura compartida sin temor a la arbitrariedad o a los bloqueos competitivos. Solo así el país podrá acortar la distancia que hoy lo separa de los mercados más avanzados de la región en materia de infraestructura digital neutral.

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