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Más allá de la IP: cómo la Dark Web eliminó las direcciones físicas de internet

  • Foto del escritor: Alfredo Arn
    Alfredo Arn
  • hace 6 días
  • 4 Min. de lectura

Si alguna vez te has preguntado cómo se navega en esas partes oscuras de internet que salen en las noticias, probablemente imaginas algo sacado de una película de hackers; pantallas verdes, códigos imposibles y direcciones extrañas. La realidad es igual de fascinante pero mucho más técnica. En la internet que usamos todos los días (Google, Facebook, YouTube), todo funciona con direcciones IP, esos números como 192.168.1.1 que son como el "número de casa" de cada computadora. Pero cuando bajamos a las capas profundas de internet, las reglas cambian por completo, y las direcciones dejan de ser números para convertirse en algo mucho más parecido a huellas digitales criptográficas.

Primero, aclaremos algo que suele confundir a todo el mundo: la Deep Web no es lo mismo que la Dark Web, aunque suenen igual de misteriosas. La Deep Web es simplemente todo el contenido de internet que no aparece en Google; desde tu correo electrónico hasta las bases de datos de la universidad o los archivos privados de tu empresa. Técnicamente, esto sigue funcionando con direcciones IP normales, como cualquier otra página web. La diferencia es que necesitas una contraseña o un enlace directo para entrar, pero detrás sigue habiendo una dirección IP vieja y conocida, ya sea pública o privada. Es como una biblioteca privada; el edificio tiene dirección postal, pero no entras sin carnet de socio.

Ahora bien, cuando cruzamos a la Dark Web, es como si entráramos a una dimensión paralela donde el concepto de "dirección postal" deja de tener sentido. Aquí no existen las IPs como las conocemos. En su lugar, redes como Tor, I2P o Freenet utilizan lo que podríamos llamar "identidades criptográficas". Imagina que en lugar de tener una dirección fija donde vivir, tuvieras un nombre compuesto por un código secreto de 56 letras que cambia constantemente y que solo tú puedes demostrar que es tuyo mediante matemáticas avanzadas. Eso es exactamente una dirección .onion de Tor; no es un número de casa, es una clave pública que demuestra quién eres sin revelar dónde estás.

Concretamente, cuando ves una dirección como

vww6ybal4bd7szmgncyruucpgfkqahzddi37ktceo3ah7ngmcopnpyyd.onion, estás mirando una clave publica de cifrado (Ed25519) escrita en código Base32. No hay un servidor físico con IP fija detrás esperando conexiones; en cambio, el servicio se esconde detrás de tres "guardias" (nodos de introducción) que reenvían tu mensaje sin saber ni quién eres ni dónde está el destinatario final. Es como enviar una carta a través de una red de correos donde cada cartero solo conoce al siguiente, nadie sabe el origen ni el destino final, y el destinatario no tiene buzón fijo sino una identidad secreta que cambia cada cierto tiempo.

Otros sistemas funcionan de formas similares pero con sus propias peculiaridades. I2P usa "destinos" de 516 bytes que se ven como direcciones larguísimas terminadas en .b32.i2p. Freenet va más allá y elimina la idea misma de servidor: el contenido se identifica por el "hash" (una huella digital) de los datos, dispersándose en pedacitos por toda la red como si fuera una especie de nube híbrida imposible de censurar. ZeroNet, por su parte, utiliza direcciones de Bitcoin (esas que empiezan con 1 y tienen letras y números) para identificar sitios web. En todos estos casos, la "dirección" es matemática, no geográfica: es una prueba de identidad, no una coordenada GPS.

Y aquí es donde entra la confusión con SSH. Mucha gente cree que SSH es una forma de entrar a la Dark Web, pero no es así. SSH es simplemente una forma segura de controlar computadoras a distancia, como un control remoto cifrado. Cuando usas SSH normalmente, conectas directamente a una IP real (como 203.0.113.1). Sin embargo, puedes combinar SSH con Tor configurando un "servicio oculto SSH", donde en lugar de conectar a una IP, te conectas a una dirección .onion. Es como tener un teléfono seguro (SSH) pero que en lugar de tener número fijo, usa un sistema de mensajería anónima (Tor). SSH es la herramienta; Tor es el túnel por donde pasa.

Esta tecnología crea un verdadero dolor de cabeza para la policía y los expertos en ciberseguridad. Cuando un ciberdelincuente ataca desde la Dark Web, no hay una dirección IP que rastrear, no hay un país donde buscar, no hay un servidor físico que confiscar fácilmente. Las técnicas tradicionales de rastreo se vuelven inútiles porque la "dirección" del criminal es una ecuación matemática, no una ubicación física. Aunque agencias como el FBI han desarrollado métodos complejos para desanonimizar usuarios analizando el tráfico en nodos de salida, estos métodos requieren recursos enormes y son legalmente complicados. Es un juego del gato y el ratón donde el ratón no tiene casa fija, solo una identidad cambiante.

Mirando hacia el futuro, estas direcciones criptográficas se volverán aún más importantes y sofisticadas. Con la llegada de las computadoras cuánticas, los códigos actuales podrían romperse, por lo que se están desarrollando nuevos sistemas resistentes a ataques cuánticos. Al mismo tiempo, tecnologías blockchain prometen internetes completamente descentralizadas donde ni siquiera existirán directorios centralizados. Esto podría ser una bendición para periodistas y activistas en países represivos, pero también un refugio para el crimen organizado. El desafío será aprender a vivir en un mundo donde las direcciones ya no nos dicen dónde está alguien, sino solo quién es matemáticamente, obligándonos a repensar cómo mantenemos el orden en una red donde la geografía dejó de existir.


 

 

 

 

  

 
 
 

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