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Microeconomía y desinformación en el Perú: El poder de los medios y la tecnología

  • Foto del escritor: Alfredo Arn
    Alfredo Arn
  • 3 ago 2025
  • 2 Min. de lectura

En el Perú, la desinformación microeconómica —aquella que distorsiona datos sobre empleo, precios, salarios o políticas sectoriales— se ha convertido en un fenómeno peligroso, amplificado por la prensa sensacionalista, las redes sociales y la inteligencia artificial (IA). Un estudio de Sherlock Communications revela que el 55% de los peruanos ha encontrado noticias falsas en plataformas como Facebook, Instagram y WhatsApp, y el 33% admitió haber creído en ellas antes de detectar su falsedad. Esta manipulación afecta la percepción ciudadana sobre temas clave, como la inflación o el empleo, generando decisiones económicas erróneas y desconfianza institucional.

Las redes sociales actúan como cajas de resonancia de la desinformación, donde algoritmos priorizan contenido viral sin verificar su veracidad. Según Kaspersky, los algoritmos favorecen publicaciones que generan interacción, incluso si son falsas, explotando sesgos cognitivos y emocionales. Por ejemplo, noticias falsas sobre aumentos desmedidos en precios de alimentos pueden provocar pánico comprador, distorsionando el mercado. Además, el uso de deepfakes y bots —herramientas potenciadas por IA— permite crear narrativas falsas con apariencia de legitimidad, como videos manipulados de autoridades anunciando medidas económicas inexistentes.

La prensa tradicional no escapa a este problema. Un informe del Reuters Institute señala que el 60% de los europeos desconfía de los medios por publicar noticias falsas deliberadamente, una cifra que en Perú alcanza el 71%. Durante crisis políticas o electorales, algunos medios difunden información microeconómica tergiversada —como datos inflados sobre desempleo o crecimiento— para influir en la opinión pública. Esto se agrava cuando actores políticos o económicos financian campañas de desinformación para beneficiar intereses particulares, como ocurrió en procesos electorales recientes.

La IA juega un doble rol; mientras herramientas como el fact-checking automatizado ayudan a detectar falsedades, también facilita la creación de contenido engañoso a escala. Proyectos como los de Ojo Público demuestran que la IA puede usarse para combatir la desinformación, pero su mal uso —como la generación de textos o imágenes falsas— la convierte en un arma poderosa para manipular percepciones económicas. Por ejemplo, bots pueden inflar artificialmente quejas sobre el alza de precios en redes, generando una falsa sensación de crisis.

Para contrarrestar este fenómeno, expertos proponen estrategias como la alfabetización digital y el fortalecimiento de medios independientes. La Universidad Autónoma del Perú, por ejemplo, promueve educación en verificación de datos para formar ciudadanos críticos. Además, iniciativas colaborativas entre medios, universidades y sociedad civil —como las impulsadas por el JNE en procesos electorales— buscan ofrecer información verificada en tiempo real. Sin embargo, el fact-checking enfrenta desafíos económicos y técnicos, especialmente frente a la velocidad de la desinformación viral.

En resumen, la desinformación microeconómica en el Perú es un problema complejo que requiere acción coordinada. Mientras la prensa debe recuperar credibilidad con rigor periodístico, las plataformas digitales deben regular algoritmos para no premiar el engaño. A su vez, el Estado y la sociedad civil deben promover políticas públicas que combatan la manipulación informativa, especialmente en un contexto donde la IA redefine los límites entre lo real y lo falso. La batalla por la verdad económica es, hoy más que nunca, una batalla por la democracia.

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