La Batalla Invisible: Propaganda, Ingeniería Social y las Elecciones del Perú 2026
- Alfredo Arn
- hace 4 días
- 3 Min. de lectura

En el contexto actual de las elecciones generales de 2026, Perú se encuentra en la mira de sofisticadas técnicas de propaganda e ingeniería social que buscan manipular la opinión pública y socavar la democracia. Estas tácticas, lejos de ser teorías conspirativas, son una amenaza real y documentada, utilizada tanto por actores nacionales como potencialmente extranjeros para influir en el curso político del país.
El blanco principal de estas campañas es la confianza ciudadana. A través de la desinformación masiva en redes sociales, se siembra la duda sobre la legitimidad del proceso electoral, se polariza a la población y se distorsiona la imagen de los candidatos. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha alertado sobre un “incremento significativo” de este fenómeno en el actual proceso electoral, reconociendo que el mayor riesgo no es un fraude técnico en las urnas, sino la construcción artificial de una “narrativa del fraude” que deslegitime los resultados antes de que se conozcan.
Un ejemplo concreto del impacto de estas técnicas es el robo de más de S/4 millones a dos municipios peruanos en 2025. Los ciberdelincuentes utilizaron ingeniería social para engañar a funcionarios, haciéndose pasar por autoridades superiores y solicitando transferencias fraudulentas. Este caso demuestra que la manipulación psicológica es una herramienta efectiva no solo para la política, sino también para el crimen financiero, explotando la confianza y la falta de protocolos de verificación.
Ante esta realidad, el Estado peruano ha comenzado a reaccionar. En enero de 2026, el JNE presentó la segunda edición de su “Guía contra la Desinformación”, un instrumento clave diseñado para empoderar a la ciudadanía. Esta guía enseña a identificar noticias falsas, entender las tácticas de manipulación y fomentar una cultura de verificación antes de compartir información, convirtiendo a cada ciudadano en un defensor de la democracia.
Los blancos estratégicos de la manipulación son claros: la ciudadanía desinformada, especialmente adultos mayores y personas con baja alfabetización digital; los jóvenes votantes indecisos, altamente activos en redes y susceptibles a narrativas emocionales; y, sobre todo, el sistema electoral en sí. Al erosionar la fe en las instituciones, los manipuladores buscan crear un clima de caos y apatía que beneficie a sus intereses particulares.
Las campañas de desinformación no son aleatorias. Se coordinan a menudo mediante cuentas automatizadas (bots) y perfiles falsos que amplifican rumores, imágenes manipuladas o medias verdades sobre candidatos y partidos políticos. El objetivo es saturar el espacio público con contenido tóxico que impida un debate político racional y basado en hechos.
La lucha contra estas amenazas requiere una respuesta multisectorial. Además del JNE, son necesarios los medios de comunicación responsables, las plataformas digitales que moderen su contenido, y la academia, que debe integrar la alfabetización mediática en todos los niveles educativos. La colaboración entre estos actores es fundamental para construir un ecosistema informativo más resistente.
A nivel individual, la defensa más poderosa es la conciencia crítica. Cada ciudadano puede actuar como un “firewall humano” al adoptar hábitos simples pero efectivos: verificar la fuente de una noticia, desconfiar de los mensajes que apelan fuertemente a las emociones, y nunca compartir información sin confirmar su veracidad. En la era digital, pensar antes de hacer clic es un acto de civismo.
Perú se encuentra en un momento crucial. Con un escenario electoral fragmentado y una sociedad marcada por la desconfianza, el país es un terreno fértil para la manipulación. Sin embargo, la creciente conciencia de la amenaza y las acciones concretas del JNE, como su Guía contra la Desinformación, ofrecen un camino hacia la resiliencia democrática.
En última instancia, proteger a la sociedad peruana de la propaganda y la ingeniería social no es solo una tarea técnica, sino un imperativo cívico. La democracia no se defiende solo con leyes y protocolos, sino con ciudadanos informados, críticos y comprometidos con la verdad. En las próximas elecciones, el voto más importante podría ser el que se da al pensamiento crítico.







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