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Lima: cuando 3 milímetros de lluvia bastan para hundir una ciudad

  • Foto del escritor: Alfredo Arn
    Alfredo Arn
  • hace 12 horas
  • 3 min de lectura

Basta un acumulado de apenas 3 milímetros de agua para que varias calles de Villa El Salvador queden anegadas. No se trata de una tormenta excepcional ni de un fenómeno extremo: es una simple llovizna, de esas que en cualquier ciudad con un sistema de drenaje mínimamente funcional pasarían inadvertidas. En Lima, sin embargo, esas tres gotas son suficientes para colapsar el sistema de desagüe, dejar vehículos atrapados, familias encerradas en sus viviendas y barrios enteros sumergidos en aguas residuales. Lo que vemos hoy es apenas el ensayo general de lo que está por venir.

El pasado 13 de agosto, una "intensa e inusual llovizna" en el límite entre Villa El Salvador y Villa María del Triunfo provocó el colapso del sistema de alcantarillado. El desborde de aguas servidas dejó 143 familias damnificadas, viviendas declaradas inhabitables y un distrito entero en estado de emergencia. El ministro de Vivienda, Mauricio Arnillas, anunció la declaratoria de emergencia para acelerar obras ante el colapso del colector principal, que falló por su antigüedad e incapacidad para manejar incluso precipitaciones menores. Si una llovizna de 3 mm deja este saldo, ¿qué ocurrirá cuando llegue lo realmente intenso?

El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) ya ha advertido que el periodo más crítico del fenómeno de El Niño se proyecta entre noviembre de 2026 y febrero de 2027, cuando los niveles de amenaza climática alcanzarán su punto máximo. Para febrero de 2027, la entidad clasifica el riesgo como "máximo", periodo históricamente asociado a inundaciones severas, huaicos y daños generalizados. Octubre ya anticipa lluvias frecuentes con activación de quebradas y deslizamientos en áreas vulnerables como Chosica. La pregunta no es si lloverá, sino con qué fuerza lo hará.

Sin un sistema de alcantarillado que funcione, el escenario es aterrador. El agua de lluvia, al no encontrar drenaje, saturará las calles y avenidas, colapsando el tránsito y aislando distritos enteros. Las laderas de los cerros, empapadas, desencadenarán huaicos y deslizamientos que arrasarán viviendas e infraestructura. Pero lo más grave vendrá después: el agua estancada mezclada con desagües colapsados creará un foco de infección masivo, un caldo de cultivo perfecto para el dengue y otras enfermedades. La paradoja final: las intensas lluvias podrían dejar a Lima sin agua potable, al saturar de sedimentos los ríos y obligar al cierre de la planta de tratamiento de La Atarjea.

El Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred) ha sido contundente: cerca de 8 millones de peruanos están expuestos a inundaciones por El Niño. Lima encabeza la lista con más de 2 millones 278 mil personas en riesgo. Los meses de marzo y abril de 2027 serán los más críticos, cuando las lluvias, que en condiciones normales deberían disminuir, se volverán mucho más intensas por efecto del Niño. No se trata de un escenario hipotético: el análisis se sustenta en los eventos extraordinarios de 1983, 1998, 2017 y 2023.

Las autoridades han comenzado a reaccionar. Sedapal despliega unidades hidrojet para labores de succión en Villa María del Triunfo, San Juan de Miraflores y Chorrillos. La Autoridad Nacional del Agua realiza labores de limpieza y descolmatación de cauces en puntos críticos. Pero estas acciones, necesarias y urgentes, son parches sobre una herida profunda. El problema de fondo es estructural: Lima tiene un sistema de drenaje diseñado para un clima que ya no existe, y el cambio climático está acelerando la transformación de la ciudad seca en una urbe vulnerable a las lluvias.

La lección de la llovizna de agosto es inequívoca: Lima no está preparada. Si 3 mm de agua colapsan el sistema de alcantarillado de Villa El Salvador, las lluvias torrenciales del "Súper Niño" prometen un desastre de proporciones bíblicas. El tiempo para actuar se agota. No se trata solo de limpiar colectores o declarar emergencias; se necesita una transformación profunda de la infraestructura hídrica de la capital, una que reconozca que Lima ya no es la ciudad donde nunca llueve. El agua está llegando, y con ella, la cuenta pendiente de décadas de postergación.

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