La tormenta financiera global y el desafío de Perú ante la nueva geopolítica de los pagos
- Alfredo Arn
- hace 5 días
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La reciente publicación de The Economist bajo el título "Storm clouds gather over America's financial supremacy" ha encendido las alarmas en el ámbito financiero internacional. La revista británica advierte que la creciente búsqueda de soberanía en los sistemas de pago por parte de distintos países amenaza el predominio financiero de Washington y podría afectar directamente a empresas como Visa y MasterCard, el duopolio estadounidense que durante décadas ha dominado el ecosistema global de pagos. Lo que está en juego no es menor; la capacidad de Estados Unidos para utilizar el dólar y las redes de pago como herramientas de política exterior está siendo cuestionada por un número creciente de naciones que buscan alternativas propias.
El detonante inmediato de este debate fue la queja del representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, quien afirmó que Pix, el sistema brasileño de pagos instantáneos, perjudica injustamente a firmas estadounidenses como Visa y MasterCard. En respuesta, Washington propuso un arancel adicional del 25% a las importaciones brasileñas, medida que ya fue oficializada y entrará en vigor el 22 de julio de 2026. La investigación de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) incluyó a Pix entre las áreas cuestionadas, junto con el comercio digital, los aranceles preferenciales y la protección de la propiedad intelectual.
La reacción de Brasil ha sido firme y unánime. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva respondió con contundencia: "Pix es un logro brasileño y no lo abandonaremos". Incluso su rival político, Flávio Bolsonaro, se sumó al frente común contra la presión estadounidense, sugiriendo únicamente un compromiso en el que Brasil se comprometa a no vincular Pix con infraestructura de pagos transfronterizos que compita con la de Estados Unidos. Brasil ha dejado claro que considera a Pix una herramienta de soberanía nacional, no una concesión negociable en una disputa comercial.
El conflicto entre Estados Unidos y Brasil es solo la punta del iceberg de una tendencia global mucho más profunda. The Economist señala que el sistema financiero global se está fragmentando en sistemas regionales y nacionales, impulsado por el creciente recelo hacia la dependencia de la infraestructura financiera controlada por Washington. Europa, a través de la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha advertido que es "esencial para la seguridad nacional" tener redes de pago digitales bajo control propio. China expande su sistema de pagos para procesar transacciones transfronterizas en yuanes, India impulsa la internacionalización de su interfaz unificada de pagos, y el Reino Unido ya explora la creación de un sistema doméstico alternativo. Lo que antes era una preocupación limitada a países con tensiones geopolíticas con Estados Unidos, como Rusia o China, se ha convertido en una aspiración compartida por gobiernos de todo el mundo.
En este contexto de tormenta financiera global, Perú se encuentra en una posición particularmente delicada con su incipiente sistema de pagos TAPP. Aunque aún en fase piloto y con un lanzamiento previsto para fines de 2026, TAPP comparte la esencia del modelo que ha puesto a Pix en la mira de Washington; una infraestructura pública de pagos instantáneos que busca reducir la dependencia de las redes privadas de Visa y Mastercard. Sin embargo, el menor tamaño de la economía peruana en comparación con la brasileña podría ofrecer cierto margen de maniobra, pero también expone a Lima a un riesgo diferente; el de ser arrastrado por el precedente que se está estableciendo con Brasil.
El verdadero peligro para Perú no es tanto una amenaza directa y aislada contra TAPP, sino quedar atrapado en la lógica de la "tormenta perfecta" que se está configurando. El precedente brasileño, si Washington logra consolidar el principio de que un sistema público de pagos constituye un "obstáculo comercial" sancionable, podría aplicarse a cualquier país que desarrolle una iniciativa similar. Además, la administración Trump ya ha mostrado una disposición a usar aranceles como herramienta de negociación masiva, y Perú ya enfrenta un arancel general del 10% a sus exportaciones, lo que convierte a TAPP en un posible argumento adicional para futuras presiones.
Sin embargo, la posición de Perú no es del todo desventajosa. El hecho de que TAPP aún esté en desarrollo ofrece una ventana de oportunidad para diseñar estrategias que minimicen los riesgos. Una opción sería seguir la sugerencia del propio Flávio Bolsonaro para Brasil: asegurar que TAPP no se vincule a infraestructura de pagos transfronterizos que compita directamente con los sistemas estadounidenses, limitando su alcance al mercado doméstico. Otra sería construir alianzas regionales con otros países latinoamericanos que están desarrollando sistemas similares, creando así un bloque de negociación que pueda presentar un frente común ante Washington.
El escenario que se vislumbra es el de un sistema financiero global cada vez más fragmentado, donde la hegemonía estadounidense deja de ser un hecho absoluto para convertirse en una opción más entre varias. Para Perú, el desafío es mayúsculo; debe navegar este entorno hostil sin que su incipiente sistema de pagos se convierta en el próximo blanco de la furia arancelaria de Washington, pero al mismo tiempo sin renunciar a una herramienta que podría ser clave para la inclusión financiera y la soberanía tecnológica del país. La tormenta ya está aquí, y Lima deberá decidir si se refugia o aprende a navegar en aguas turbulentas.



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