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La Humildad Digital: El antídoto moderno en Proverbios 3:7-8

  • Foto del escritor: Alfredo Arn
    Alfredo Arn
  • 27 ago 2025
  • 2 Min. de lectura
Proverbios 3:7-8 «No te tengas por sabio, teme al Señor y apártate del mal: que esto será un bálsamo para tu carne y un vigor para tus huesos.»

Imaginemos al influenciador (influencer) digital que, tras viralizarse, cree tener la autoridad moral para opinar de todo, desde geopolítica hasta medicina, despreciando a los expertos. Su nombre termina asociado a escándalos por hablar de lo que no sabe. Este es el "sabio a sus propios ojos" del siglo XXI. Proverbios 3:7 advierte contra esta soberbia intelectual, tan tentadora en la era de la información, donde un título en X (Twitter) parece otorgar más credibilidad que una vida de estudio humilde. La sabiduría católica, por el contrario, nos invita a navegar este océano de datos con la brújula de la humildad, reconociendo que el conocimiento verdadero comienza al arrodillarse ante Dios, no al acumular seguidores.

La orden de "temer a Dios y apartarse del mal" se puede ilustrar con la parábola moderna de la empresa exitosa. Un CEO, en la cima de su carrera, se enfrenta a la tentación de aprobar un proyecto lucrativo pero con etica dudosa, que dañaría el medio ambiente. El "temor a Dios" no es un miedo paralizante, sino el respeto consciente de que sus acciones tienen un peso moral. Es la voz que lo lleva a elegir la integridad sobre el beneficio fácil, a "apartarse del mal" aunque le cueste ganancias a corto plazo. Es el don del Espíritu Santo que actúa como un faro en la niebla de la ambición desmedida.

La promesa de "medicina para tu cuerpo y refrigerio para tus huesos" encuentra su ejemplo en el síndrome del burnout. El joven profesional que vive agotado, con ansiedad y insomnio, porque su vida gira en torno a la productividad tóxica y la autoexplotación. Su mal no es solo físico, es espiritual. El consejo del proverbio opera aquí como un antídoto: al dejar de confiar ciegamente en su propia eficacia ("no ser sabio a sus propios ojos") y poner su trabajo en las manos de Dios, encuentra un ritmo de vida divino. La paz que surge de confiar en la Providencia se convierte en el "refrigerio" que ningún estimulante o terapia puede otorgar plenamente.

Finalmente, este pasaje es una receta divina para la integridad humana en un mundo fragmentado. Así como un edificio con cimientos débiles se agrieta aunque su fachada sea imponente, una vida construida sobre la auto-suficiencia termina resquebrajándose por dentro. La humildad, el temor reverencial y la fuga del mal son los pilares que previenen esas grietas internas, asegurando una salud profunda que permea alma, mente y cuerpo. En una cultura obsesionada con los remedios superficiales, Proverbios 3:7-8 señala la única medicina que puede sanarnos radicalmente: la gracia que fluye al reconocer que Él es Dios, y nosotros no.

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