Del oro a los bits: colonialismo digital, político y económico en América Latina (2026)
- Alfredo Arn
- 4 ene
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Resumen
Este artículo analiza la continuidad y transformación del colonialismo en América Latina a partir de 2026, centrándose en las dimensiones digital, política y económica. Utilizando un enfoque teórico crítico y datos recientes, se argumenta que la región ha pasado de ser un espacio de extracción de recursos naturales a un territorio de captura de datos, atención y soberanía algorítmica. Se exploran los mecanismos de control externo, sus impactos en la cultura, la gobernanza y los mercados, y se proponen vías para una transición hacia una autonomía digital y económica regional.
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A más de doscientos años de las independencias formales, América Latina exhibe una estructura de poder que reproduce lógicas coloniales; la extracción de valor, la subordinación política y la hetero-definición cultural. Sin embargo, el capitalismo global ha mutado sus soportes; ya no solo se exportan minerales o frutas, sino también datos, atención y subjetividades. En 2026, el 80 % del tráfico regional de Internet transita por nodos controlados desde Miami, y el 63 % de las exportaciones siguen siendo commodities, ahora complementados por litio y grafito para la transición energética global. Este artículo sostiene que el colonialismo ha sido actualizado: opera a través de plataformas digitales, acuerdos de seguridad y cadenas de valor fintech, configurando una nueva fase de dependencia que combina continuidad e innovación.
Marco teórico; colonialismo, dependencia y extractivismo digital. Desde la teoría de la dependencia (Prebisch, Frank) y los estudios de colonialidad (Quijano, Mignolo), el poder metropolitano se reproduce mediante la articulación de un “centro” que monopoliza la innovación y una “periferia” que provee materias primas. El concepto de extractivismo digital (Ricaurte, 2024) amplía esta lógica al señalar que plataformas como Google o TikTok convierten la atención, la cultura y los datos personales en recursos que fluyen unidireccionalmente hacia Silicon Valley o Shenzhen. Esta transferencia no es neutral; desplaza industrias culturales locales, erosiona la base fiscal y coloniza el imaginario, reproduciendo la “maldición de los recursos” en el plano informacional.
Colonialismo digital; infraestructura, algoritmos y cultura. La infraestructura de Internet en América Latina refleja una topología colonial: 17 cables submarinos convergen en Miami, actuando como el “Puerto de Veracruz del siglo XXI”. Las grandes nubes (AWS, Azure, Google Cloud) concentran el 72 % de los servidores regionales, mientras que solo el 2 % de la inversión en centros de datos es de capital latinoamericano. Esta arquitectura permite a las big tech capturar valor en cada capa; desde la minería de datos hasta la publicidad programática. Culturalmente, el algoritmo impone una “norma global” que desplaza contenidos locales; en 2025, solo 21 de los 100 sitios web más visitados en la región eran producidos en la región, evidenciando una pérdida de soberanía narrativa.
Colonialismo político; de los cuarteles a los influencers. El control político ya no se ejerce solo mediante bases militares; también opera a través de plataformas-gobierno. Documentos del Senado de EE. UU. (2011) explicitan la necesidad de usar redes sociales para “revolucionar las comunicaciones” en la región. En la última década, firmas como Cambridge Analytica o sus sucesoras han intervenido en más de 200 procesos electorales, empleando micro-segmentación psicográfica. Además, acuerdos de “ciber-defensa” (CMU, 2023) colocan redes 5G y centros de datos bajo supervisión extranjera, profundizando la “seguridad dependiente” que caracterizó a la Doctrina Monroe.
Colonialismo económico; del litio al fintech. La economía latinoamericana mantiene su perfil primario-exportador, pero los commodities han cambiado; litio, cobre y grafito son ahora “el nuevo petróleo verde”. Sin embargo, el 87 % del valor agregado de baterías se genera fuera de la región. Paralelamente, la bancarización fintech —alentada por capitales de EE. UU. y China— convierte a millones de personas no bancarizadas (unbanked) en usuarios de plataformas cuyos términos de servicio se rigen por leyes de Delaware o Singapur. El resultado es una doble extracción: materias primas físicas y datos financieros, ambos sin anclaje fiscal local.
Impactos socio-territoriales; desigualdad, cultura y trabajo. La lógica colonial digital intensifica la desigualdad existente. Las cloud regions (1) se instalan en ciudades-primaria (São Paulo, Querétaro, Santiago), profundizando brechas urbano-rurales y dejando sin conectividad de calidad al 38 % de la población rural. Culturalmente, la homogeneización algorítmica erosiona lenguas originarias y saberes locales; el trabajo se precariza bajo la figura de data-labeling o microwork, donde jóvenes indígenas en Chiapas o Puno etiquetan imágenes para entrenar IA por menos de US$2 la hora, sin derechos laborales ni estabilidad.
Escenarios y políticas públicas hacia 2030. Se identifican tres escenarios: (a) Big-tech land, donde la región se consolida como mercado-captura; (b) Ciber-patriótico, con regulaciones proteccionistas que generan conflictos comerciales; y (c) Comunidades-red, basado en soberanía comunitaria y código abierto. Para evitar el primero y superar los límites del segundo, se proponen: (i) impuesto regional a la extracción de datos (2 % sobre facturación digital); (ii) requisito de contenido local del 30 % en plataformas; (iii) fondo multilateral (Banco del Sur) para cloud y satélites de código abierto; (iv) tratado de datos sensibles que prohíba su almacenamiento fuera de jurisdicción nacional; y (v) educación crítica digital desde primaria.
Independencia digital como horizonte. El colonialismo del siglo XXI ya no requiere barcos ni virreyes; basta con cables de fibra, términos de servicio y acuerdos de seguridad. América Latina puede repetir la historia y seguir siendo “el país de segunda” que temía Darcy Ribeiro, o puede convertirse en una región que, a partir de sus propias narrativas y tecnologías, construya autonomía digital. La independencia política de 1821 no se completó sin independencia económica; en 2026, la independencia económica no se completará sin independencia de datos y algoritmos. El futuro de la región dependerá de su capacidad para convertir los bits en soberanía, antes de que la colonia se vuelva irreversiblemente digital.
Referencias selectas
CEPAL (2025). La infraestructura digital en América Latina: hacia una geografía de la dependencia.
CMU (2023). Acuerdos de ciber-defensa y soberanía regional.
Ricaurte, P. (2024). Gobernar lo digital: extractivismo de datos en América Latina. Harvard DDL.
TIP Playbook (2025). Estado de liberación de bandas de 60 GHz en América Latina.
UNCTAD (2026). Taxing the Cloud: Policy Options for Latin America.
(1) Cloud regions es un conjunto de data centers interconectados que operan bajo una misma jurisdicción legal y climática, y que permiten a los usuarios y empresas contratar servicios de computación, almacenamiento, inteligencia artificial, etc., más cerca de su ubicación, reduciendo latencia y cumpliendo (o no) normas locales de protección de datos.







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