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Panamericana Sur: Cuando el Plan Verano se convirtió en pesadilla para los trabajadores

  • Foto del escritor: Alfredo Arn
    Alfredo Arn
  • 1 abr
  • 2 Min. de lectura

La Municipalidad de Lima implementó este 1 de abril una medida de tránsito que, lejos de facilitar la movilidad, generó el caos más grave en años en la Panamericana Sur. Entre el kilómetro 20 y 40, desde Lurín hasta Asia, cinco carriles fueron destinados a la salida de Lima mientras solo uno quedó habilitado para el regreso. El resultado fue un embotellamiento de 20 kilómetros que mantuvo a trabajadores atrapados durante 3 a 4 horas en pleno horario de retorno laboral.

La ironía resulta cruel. La MML anunciaba oficialmente un "carril adicional" para agilizar la salida de 80,000 turistas hacia las playas del sur durante el feriado de Semana Santa. Sin embargo, en la práctica, esta disposición se transformó en una vía de escape privilegiada para quienes buscaban ocio, mientras quienes culminaban su jornada de trabajo veían cómo su derecho al retorno quedaba reducido a un solo carril colapsado. La medida del Plan Verano 2026, diseñada originalmente para el domingo 5 de abril con cinco carriles de regreso y uno de salida, apareció hoy invertida en su totalidad.

Los afectados fueron los trabajadores de los distritos del sur: empleados de comercio, obreros de construcción, vigilantes, personal de limpieza y transportistas que habitan en Lurín, Villa El Salvador y Chorrillos. Personas que mantienen funcionando la ciudad, que no tienen feriado extendido ni vacaciones pagadas, que simplemente intentaban regresar a sus hogares. Muchos llegaron al anochecer, con el salario intacto pero con horas de vida familiar irrevocablemente perdidas.

Esta inversión de prioridades revela una planificación vial que privilegia el consumo turístico sobre el derecho básico al tránsito de la clase trabajadora. Mientras los veraneantes llegaban puntualmente a sus destinos de playa, los conductores del sur observaban desde su único carril cómo cinco vías vacías o semivacías se extendían en sentido contrario. La imagen era elocuente: una autopista de dos velocidades, separadas no por tecnología sino por la decisión política de quién merece llegar primero.

La ausencia de explicaciones oficiales sobre esta configuración anómala resulta sospechosa. Ni la Municipalidad de Lima ni Emape han aclarado por qué una medida destinada a facilitar la salida turística se mantuvo activa durante el horario pico de retorno laboral, ni por qué la proporción de carriles se invirtió respecto al plan anunciado. El silencio institucional sugiere o bien una negligencia operativa inaceptable, o peor, una deliberada priorización de intereses comerciales turísticos sobre los derechos de miles de ciudadanos.

Los hechos de hoy exigen respuestas y responsabilidades. Una ciudad que castiga a sus trabajadores para favorecer el ocio de unos pocos traiciona su propia razón de ser. La Panamericana Sur no es un resort privado; es infraestructura pública pagada con los impuestos de todos, incluidos quienes hoy perdieron medio día de vida en un tramo de 20 kilómetros convertido en símbolo de desigualdad. La MML debe explicar, compensar y garantizar que nunca más una medida de "contingencia" se convierta en arbitrariedad contra quienes construyen la ciudad que otros descansan.

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